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LA LECTIO DIVINA La Lectio Divina1 es una experiencia de encuentro con el Señor, que se da a través de la lectura que busca descubrir el mensaje de Jesús y de la oración, que en el diálogo con Jesús deja que su mensaje nos guíe y anime. En este sentido, entendemos este ejercicio como el “conocimiento amoroso de las Escrituras, una actitud frente a la Palabra que a diario nos habla, nos cuestiona y nos muestra el Corazón de Dios, su Voluntad sobre nuestras vidas” 2; por tanto, es entrar en diálogo con el Señor. La finalidad de este método que se centra en la Palabra escrita, es básica y fundamentalmente el Señor. Jesús es el centro y el sentido más pleno de toda la escritura, ya que es a Él a quien buscamos, a Él queremos conocer, imitar y seguir, adquiriendo de su mensaje una actitud de vida. Así como la Lectio Divina es una actitud frente a la Palabra que se transforma en una actitud de vida, debe convertirse en un espacio propicio para alimentar nuestra experiencia de Dios, nuestra amistad con él. El encargado de hacer que la Palabra de Dios, leída, meditada, orada y contemplada se convierta en experiencia y parte de nuestra vida es el Espíritu Santo. Gracias a su acción es que esa palabra escrita que leemos se va escribiendo en nuestros corazones, configurándonos como seguidores y apóstoles del Maestro. Por eso, podemos decir que la Lectio divina es una lectura guiada por el Espíritu de Dios, que parte de la escucha y nos lleva a la puesta en práctica. Itinerario de la Lectio Divina, los 4 peldaños3 La Lectio Divina es un itinerario (camino, proceso) que busca profundizar el texto bíblico en vista a la vida, lo cual se realiza por medio de cuatro pasos que son consecutivos y concadenados, es decir, uno está en relación al otro, llevando a un conocimiento gradual del texto. La ruta a seguir es la siguiente: Lo primero y fundamental: Pacificar el corazón, ya que el corazón es el órgano de la Lectio Preparar el “terreno”: buscar el lugar donde harás oración, delimitar el tiempo de oración, si te ayuda puedes hacer oración junto a un cirio, una imagen, etc.; interrogar el corazón ¿Qué busco con esta oración? ¿qué gracia quiero recibir? Invocar la presencia del Espíritu Santo, de modo que sea Él quien nos conduzca en este espacio de oración. UNA VEZ LOGRADO LO ANTERIOR PUEDES CONTINUAR: 1 Expresión latina que puede ser traducida como Lectura orante, Palabra rezada, Oración meditada, lectura de la Palabra de Dios, etc… 2 Módulo de Formación permanente Lectio Divina Orar con la Palabra, Plan de Formación para Laicos Arquidiócesis de Santiago, p. 18 3 Una forma de explicar en qué consiste la Lectio Divina, es comparándola con la acción de comer: Realizar la lectura pausada del texto es como llevar el alimento a la boca (buscar la verdad) Meditar lo leído es mascar el alimento (encontrar la verdad) Orar la Palabra de Dios es saborear el alimento (pedir luz al Espíritu Santo) LECTURA: “Buscar leyendo…” Este primer momento consiste en leer el pasaje elegido con mucho respeto, sin olvidar que cada letra y cada signo de la Escritura valen mucho. Queremos que el texto brille solo, es decir, que él hable primero, dejando fuera toda idea o conocimiento que hayamos adquirido previamente. Buscamos una lectura objetiva, cuidadosa, humilde, siendo conscientes de nuestra necesidad de ella. Leemos lentamente el pasaje bíblico desde el comienzo hasta el final, lo releemos y lo volvemos a hacer una vez más si es necesario; poco a poco van apareciendo los detalles y cada palabra va haciendo sentir su peso. Las letras se vuelven imagen, comienzan a hablar y nos vamos apropiando de ellas. Nos preguntamos: ¿Qué dice el texto? MEDITACIÓN: “Encontrar meditando…” Este segundo momento busca asociar la palabra con la vida. La meditación es el efecto natural de la lectura y viene dentro de ella desde el momento en que ésta ha comenzado a impactarnos haciendo que no solo hablemos del texto, sino también de nosotros mismos, ya que la Palabra de Dios se vuelve nuestro espejo. En esta ocasión, se nos invita concretamente a adentrarnos en el texto, profundizándolo para no quedarnos solo con la información recibida en la lectura. Queremos ir más allá, haciendo una relectura atenta, viendo el sentido del pasaje, buscando el mensaje que nos quiere transmitir y actualizándolo a nuestra realidad personal, comunitaria y social. Lo más importante es saber qué dice el texto y no lo que imaginamos que dice, se trata de respetar al autor. Una vez que hemos reconstruido el texto en la mente, la invitación es a hacer el esfuerzo de hacerlo llegar al corazón. En este momento, no estamos solos, el Espíritu Santo viene en nuestra ayuda, permitiéndonos disipar las tinieblas y la ceguera del corazón. Así dejamos que la palabra escudriñe nuestro corazón y transforme nuestros criterios para conformase con los de Dios. Nos preguntamos: ¿Qué nos dice el texto? ORACIÓN: “Llamar orando…” La oración brota espontáneamente de la meditación. Sin duda alguna, estamos orando desde el comienzo, pero la oración es llevar hacia fuera, por medio de nuestros labios, el grito de nuestro corazón quemado por la Palabra que interpela. Es ahí donde explicitamos todo lo surgido en nuestra interioridad. El Espíritu hace palabra lo que permanecía como un gemido interior y orienta nuestro grito hacia el buen Padre Dios. En este tercer momento estamos invitados a responder a la palabra de Dios, nos esforzamos por hablar al Señor con todo el corazón, pedimos que nos ayude para buscar cómo poner en la práctica la invitación que Él me hace. Nos dejamos enseñar por el Señor, para orar al Padre en Su Espíritu y nuestro corazón aprende a hablar con Él si de deja inundar por el amor. Nos preguntamos: ¿Qué le decimos al Señor? o ¿Qué nos hace decir el texto? CONTEMPLACIÓN: “…y se te abrirá contemplando” La invitación en este momento es a contemplar a Dios. Contemplar tiene que ver con mirar, pero estando frente a Otro. La contemplación es también oración, pero es la cumbre de ella. Contemplamos la Palabra hecha rostro, aquella presencia personal que me habita. La palabra leída y meditada, ha iluminado los ojos de nuestro corazón y mente, conduciéndonos suavemente al deseo de intimidad constante con el Señor. Todo esto nos llevará a rezar con confianza por nuestros hermanos y la Iglesia, abriendo nuestros oídos para escuchar la respuesta del Señor. Esta oración es un regalo que nos hace el Señor movido por su inmensa gratuidad, a través de ella brotan las palabras más dulces y puras sumergidas en su amor. En esta etapa, más que preguntarnos, surge el gozo de recibir. Sin embargo, nos podemos preguntar: ¿A qué conversión y acciones nos invita el Señor? Recordemos que esta contemplación debe ser siempre una invitación a la acción, es decir, a practicar en alguna acción concreta. Debemos vivir, haciendo vida aquello que fue reflexionado y rezado. La invitación es a buscar las actitudes y la menara de vivir el mensaje que se ha encontrado y que es propuesta para nosotros, hoy, aquí y ahora. A modo de resumen, los cuatro pasos de la Lectio Divina son: 1 LEER 2 MEDITAR ¿Qué dice el texto bíblico? ¿Qué nos dice el texto bíblico? Comprender la Palabra … Actualizar la Palabra … Para descubrir lo que Dios nos Para interpelar la vida, conocer su enseña mediante el autor sentido, mejorar nuestra misión y inspirado fortalecer la esperanza 3 ORAR ¿Qué le decimos al motivados por su Palabra? Orar la Palabra … 4 CONTEMPLAR Señor ¿A qué conversión y acciones nos invita el Señor? Practicar la Palabra … Para dialogar con Dios y celebrar Para conducir la vida (actuar) según nuestra fe en familia y/o los criterios de Dios (conversión) comunidad