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Reflexividad y Campo Científico: pensar la Comunicación y las Ciencias Sociales desde la perspectiva de Bourdieu Ernesto SCHTIVELBAND - DNI: 21.924.709 – email: eschtivel@yahoo.com.ar Ricardo TERRILES – DNI:13.807.801 – email: rterriles@gmail.com Carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales (UBA) Área Teorías y Metodologías de la investigación en Comunicación Palabras clave Bourdieu; campo científico; reflexividad. Resumen En la obra de Pierre Bourdieu se plantea una preocupación constante por las coacciones que pesan sobre la práctica de producción de conocimiento sociológico, ya sea que provengan del propio campo de producción, ya que emerjan a propósito de tensiones entre diferentes campos. Para Bourdieu, el campo de las ciencias sociales no goza de la misma autonomía que el de las ciencias naturales debido a la concurrencia de aquellos que pretenden hablar con autoridad sobre el mundo social. Como él mismo plantea, las ciencias sociales “se encuentran en una posición particularmente difícil en tanto que ellas tienen por objeto el mundo social, del que pretenden producir una representación científica. Cada uno de sus especialistas está en competencia no solo con los otros investigadores, sino también con los otros profesionales de la representación simbólica,… con todos aquellos que trabajan para imponer su visión del mundo social, con fuerzas simbólicas y logros muy desiguales.” (Bourdieu, 2002:10) Esta posición de Bourdieu, más atenta a las coacciones externas –y que se despliega mayormente en sus últimos trabajos–, guarda estrecha relación con su examen de los obstáculos que enfrenta la propia práctica de producción de conocimiento en ciencias sociales, en tanto que uno de los riesgos de la misma es tomar por válidas problemáticas de investigación cuya entidad se sostiene en el sentido común. Para llevar un rastreo de esta preocupación partimos de la noción de vigilancia epistemológica –propia de las primeras obras de Bourdieu– y seguimos con el concepto de reflexividad –sobre el cual avanzó en los últimos tiempos– para determinar la especificidad de los campos científicos. A partir de de ese recorrido, avanzaremos con el objetivo de considerar los aportes de Bourdieu para quienes, desde las ciencias sociales, intentamos abordar las problemáticas comunicacionales. Introducción A lo largo de la obra de Pierre Bourdieu se registra una preocupación recurrente en torno a las coacciones que pesan sobre la práctica de producción de conocimiento sociológico, ya sea que provengan del propio campo de producción, ya que emerjan a propósito de tensiones entre diferentes campos. Para Bourdieu, el campo de las ciencias sociales no goza de la misma autonomía que el de las ciencias naturales debido a la competencia que debe afrontar con todos aquellos que pretenden hablar con autoridad sobre el mundo social. Como él mismo plantea, las ciencias sociales “se encuentran en una posición particularmente difícil en tanto que ellas tienen por objeto el mundo social, del que pretenden producir una representación científica. Cada uno de sus especialistas está en competencia no solo con los otros investigadores, sino también con los otros profesionales de la representación simbólica, en particular los periodistas y los políticos y, de modo más general, con todos aquellos que trabajan para imponer su visión del mundo social, con fuerzas simbólicas y logros muy desiguales.” (Bourdieu, 2002:10) Cabe señalar que esta posición de Bourdieu, más atenta a las coacciones externas –y que se despliega con mayor fuerza en sus últimos trabajos–, guarda estrecha relación con su examen de los obstáculos que enfrenta la propia práctica de producción de conocimiento en ciencias sociales, en la medida que uno de los riesgos de la misma es tomar por válidas problemáticas de investigación cuya entidad se sostiene en el sentido común. Entendemos que es necesario llevar a cabo un rastreo de esta preocupación partiendo de su noción de vigilancia epistemológica –propia de sus primeras obras– y siguiendo por el concepto de reflexividad –sobre el cual avanzó en los últimos tiempos– para determinar la especificidad de los campos científicos. A partir de ese recorrido, avanzaremos con el objetivo de considerar los aportes de Bourdieu para quienes, desde las ciencias sociales, intentamos abordar las problemáticas comunicacionales1. La dimensión epistemológica de la obra de Bourdieu Si bien es posible establecer la filiación de la obra de Bourdieu en la teoría social francesa –la que va de Durkheim y Mauss a Lévi-Strauss–, su relación con esta tradición es bastante más intrincada, compleja y crítica que la que mantiene con otra tradición intelectual nacional, la del racionalismo histórico, que se despliega en los trabajos de Bachelard, Canguilhem y Koyré2. Debido a su propia formación filosófica, Bourdieu mantiene una relación más estrecha y coherente con esta línea de pensamiento, y en ese sentido, El oficio de sociólogo aparece como el intento de trasladar los principios de esa epistemología al dominio de las ciencias sociales. Como explica el mismo Bourdieu, esta tradición de epistemología histórica "tiene como fundamento común la primacía dada a la construcción: el acto científico fundamental es la construcción del objeto: no vamos a la realidad sin hipótesis, sin instrumentos de construcción" (Bourdieu, 1997: 44). Decir que no nos acercamos al mundo sin algún tipo de instrumental teórico implica decir que, cuando dicha teoría no 1 Retomamos en esta presentación, con algunas modificaciones, nuestro artículo “Reflexividad y Campo Científico: algunas consideraciones para las Ciencias Sociales y la Comunicación desde la obra de Pierre Bourdieu”, que será publicado próximamente en la Revista Argentina de Comunicación. 2 Se conoce el indudable impacto del pensamiento de Bachelard en varias generaciones de pensadores franceses, y en particular en Bourdieu. Pero la obra de Bachelard ha de inscribirse “en la tradición epistemológica en donde echa raíces la empresa [de Bourdieu], a saber, el racionalismo histórico, asociada con los trabajos de Gaston Bachelard, Georges Canguilhem, Jean Cavaillès y Alexandre Koyré. Esta tradición… ofrece a la sociología una concepción de la ciencia activa y (auto)crítica, liberada de los dogmas de la inmaculada concepción y del instrumentalismo para siempre empañado por sus orígenes, y por lo tanto una vía de salida fuera de la alternativa estéril entre el positivismo instrumental que domina la ciencia social estadounidense y la hermenéutica generalizada que sobrevuela la inmensa mayoría de otros países.” (Bourdieu y Wacquant, 2008: 9-10). es resultado de una actividad reflexiva y crítica, es entonces el producto de las prenociones del sentido común. Es por ello que, en esta epistemología, se le da tanta importancia a la ruptura con las prenociones. En Bachelard, por ejemplo, esta cuestión aparece en términos de una oposición radical entre ciencia y opinión: "La ciencia, en su necesidad de terminar como en su principio se opone absolutamente a la opinión. (...) La opinión piensa mal; no piensa: traduce las necesidades en conocimientos. Al designar los objetos por su utilidad, se niega a conocerlos. No se puede basar nada sobre la opinión: antes hay que destruirla. Es el primer obstáculo que hay que superar" (Bachelard, 1973: 188). En estricta concordancia con la posición de Bachelard, en El Oficio... se dice que "el hecho científico se conquista, construye, comprueba", y que a la comunidad sociológica le convendría recordar "la jerarquía epistemológica de los actos científicos que subordina la comprobación a la construcción y la construcción a la ruptura" (Bourdieu et al., 1994: 14). Ruptura y construcción no constituyen momentos claramente delimitados en una secuencia ideal, sino más bien hay que pensarlas como una dialéctica en el marco de la "acción polémica incesante de la razón". Ahora bien, esta acción polémica encuentra su complemento necesario en cierta sociología del conocimiento: "la acción polémica de la razón científica no tendría toda su fuerza si el 'psicoanálisis del conocimiento científico' no se continuara en un análisis de las condiciones sociales en las cuales se producen las obras sociológicas: el sociólogo puede encontrar un instrumento privilegiado de vigilancia epistemológica en la sociología del conocimiento" (Bourdieu et al., 1994: 14). En ese sentido, Bourdieu considera que “nuestras estructuras cognitivas, por ejemplo aquellas que aplicamos al campo de la sociología, al campo de la filosofía, son en gran parte el producto de estructuras objetivas del campo filosófico o del campo sociológico. Lo cual quiere decir que, si nosotros queremos ser lúcidos, si queremos ser conscientes como pretendemos serlo, no es por una reflexividad sobre el sujeto cognoscente que tendremos la oportunidad de llegar a ello, sino por un conocimiento provisto por los universos en los cuales nuestras estructuras mentales fueron fabricadas. Lo cual significa que la sociología de la sociología no es una pequeña especialidad aneja, sino el lugar de la reflexividad por medio de la cual los sociólogos tienen algunas posibilidades de dotarse del conocimiento de sus propias estructuras cognitivas.” (Bourdieu, 1999a: 9-10). Volvemos sobre esta cuestión en la próxima sección. Vigilancia epistemológica y reflexividad La noción de vigilancia también le llega a Bourdieu desde la obra de Bachelard3. Para este autor, en la práctica científica podían darse tres niveles diferentes de vigilancia. Un primer nivel de vigilancia, propia del empirismo, supone una atención a los hechos: se esperan ciertos hechos, y en todo caso se puede estar atento a lo inesperado. El segundo nivel –vigilancia de la vigilancia– supone que hay una atención metódica sobre los hechos: ya se advierte que la captación del hecho depende de un método. El tercer nivel supone la reflexión sobre los métodos: este es, pues, el nivel de interrogación propiamente epistemológica (Bourdieu et al., 1994: 121-4). Como se puede advertir, el nivel epistemológico es un nivel reflexivo. Retomando la dialéctica entre ruptura y construcción de la que habláramos anteriormente, se puede pensar que el pasaje del primer nivel al segundo está marcado por la ruptura con las prenociones –aquí la "evidencia de los hechos"– y la construcción del objeto –que supone cierto método. Ahora bien, el pasaje al tercer nivel supone una vigilancia sobre la construcción: si la construcción objetiva, rompiendo con las evidencias del sentido común para hacer aparecer el esquema de relaciones que subtiende los hechos, se hace preciso (dirá Bourdieu más adelante) "objetivar el lugar de la objetivación". Esta cuestión remite a una de las problemáticas más específicas de las ciencias sociales, al hecho de que el sujeto del conocimiento "forma parte" del propio objeto de conocimiento. Problema siempre considerado, largamente discutido pero no 3 De hecho, el segundo de los "textos ilustrativos" de El oficio de sociólogo, es un fragmento en donde el propio Bachelard expone la noción. Dicho fragmento está tomado de El racionalismo aplicado, obra que apareció originalmente en 1949. necesariamente saldado, en la obra de Bourdieu encuentra una elaboración profunda y singular. Como ya señalamos anteriormente, el problema del sujeto del conocimiento no se resuelve, para Bourdieu, solamente en los términos (filosóficos) de una teoría del conocimiento, sino con el apoyo de una “sociología de la sociología” que es la forma de la reflexividad por excelencia. Si bien pueden encontrarse indicios de esta reflexividad en varios cientistas sociales, la propuesta de Bourdieu tiene su especificidad, como señala Wacquant: “la reflexividad en Bourdieu, que puede definirse apresuradamente como la inclusión de una teoría de la práctica intelectual como un componente integrante y una condición necesaria de una teoría crítica de la sociedad, difiere de otras en tres puntos cruciales. Primero, su objetivo primario no es el analista individual, sino el inconsciente social e intelectual fijado a unas herramientas y operaciones analíticas; segundo, debe ser una empresa colectiva antes que la carga de un académico solitario; y tercero, no busca atacar sino afianzar la seguridad epistemológica de la sociología.” (Wacquant, en Bourdieu y Wacquant, 2008: 65) Bajo estas especificaciones, la reflexividad aparece como el modo más pertinente para sostener las condiciones de cientificidad y crítica indispensables para la práctica de las ciencias sociales. En términos de Wacquant, lo que ha de someterse “a un continuo escrutinio, y neutralizado, en el acto mismo de la construcción del objeto, es el inconsciente científico colectivo fijado a las teorías, problemas y categorías (especialmente las nacionales) del juicio académico. Se sigue que el asunto de la reflexividad debe ser, en última instancia, el campo científico social en su totalidad.” (Wacquant, en Bourdieu y Wacquant: 69) En esos términos, el horizonte de la reflexividad se sostiene en el debate público y la crítica mutua, y así “el trabajo de objetivación del sujeto objetivante es realizado no solamente por su autor sino por los ocupantes de las posiciones antagónicas y complementarias que constituyen el campo científico” (Wacquant, en Bourdieu y Wacquant: 69). El campo científico y la emergencia de la razón En "El punto de vista escolástico"4, Bourdieu se propone dar cuenta de dicho punto de vista, cuya adopción, dirá, "es el derecho tácitamente exigido por todos los campos savants5: la disposición «neutralizante» (en el sentido de Husserl), que implica la puesta en suspenso de toda tesis de existencia y de toda intención práctica" (Bourdieu, 1996: 218). El punto de vista escolástico supone, entonces, una relación distante y sin urgencias frente al mundo, que para Bourdieu se expresa bajo la forma de una doxa epistémica: "los pensadores dejan en estado impensado (doxa) los presupuestos de su pensamiento, es decir las condiciones sociales de posibilidad del punto de vista escolástico, y las disposiciones inconscientes, generadoras de tesis inconscientes, que se adquieren a lo largo de una experiencia escolar o escolástica, a menudo inscrita en la prolongación de una experiencia originaria (burguesa), de distancia frente al mundo y las urgencias de la necesidad" (Bourdieu, 1996: 218). Bourdieu no plantea estas cuestiones en términos de condena o denuncia políticas, ya que, al fin de cuentas, la disposición savant es la condición de posibilidad del desarrollo de los campos científicos. En todo caso, de lo que se trata es de las consecuencias epistemológicas de esta disposición, en la medida que: "El sabio que no sabe qué es lo que lo define en tanto que sabio, es decir el «punto de vista escolástico», se expone a poner en la cabeza de los agentes su propia visión escolástica; a imputar a su objeto lo que pertenece a la manera de aprehenderlo, al modo de conocimiento" (Bourdieu, 1996: 221). Volveremos sobre esta cuestión más adelante. La objetivación del lugar de la objetivación que está implícita en esta crítica del "inconsciente escolar"6 debe evitar el cuestionamiento típico del relativismo: ¿desde dónde es posible ejercer la crítica? Para Bourdieu ese lugar desde donde esta reflexión 4 Se trata de la transcripción de la comunicación final en un coloquio sobre la obra del propio Bourdieu, que tuvo lugar en Berlin, Alemania, en 1989. Hemos trabajado este texto en la edición francesa de Razones Prácticas: las citas que siguen son traducción nuestra. 5 Siguiendo el criterio de otros traductores –como ha sido el caso en El sentido práctico– mantenemos el término francés savant para referirnos a las agentes y/o campos dedicados a la producción científica y filosófica. 6 Bajo esa denominación Bourdieu vuelve a trabajar la cuestión en un artículo publicado en las Actes de la Recherche en Sciences Sociales, donde dirá que el inconsciente escolar “es un arbitrario histórico que, por el hecho de haber sido incorporado, y por ello naturalizado, escapa a las tomas de conciencia – especialmente porque lleva a aprehender como naturales a las estructuras que lo produjeron” (Bourdieu, 2000a: 3). se produce es el campo científico, uno de "esos mundos sociales completamente particulares donde se engendra lo universal" (Bourdieu, 1996: 229-30). Bourdieu piensa que hay "una historia social de la razón", y que dicha historia es coextensiva a la historia de los campos "donde se instituyen poco a poco las condiciones sociales del despliegue de la razón" (Bourdieu, 1996: 230). El hecho de que la razón sea histórica no implica sin embargo que ella sea relativa a la historia (lo cual sería una forma de relativismo historicista). Bourdieu dice: "La historia de la razón es la historia singular de la emergencia de estos universos sociales particulares que, teniendo como condición de posibilidad la skholè y por fundamento la distancia escolástica con relación a la necesidad y a la urgencia, básicamente económicas, ofrecen las condiciones favorables al desarrollo de una forma particular de intercambio social, de competencia, es decir de lucha, que es indispensable para el despliegue de ciertas potencialidades antropológicas" (Bourdieu, 1996: 230). Si esos universos que son los campos "son favorables al desarrollo de la razón" ello se debe a que "para hacerse valer [en ellos] hay que hacer valer razones, para triunfar, hay que hacer triunfar a argumentos, demostraciones, refutaciones. Los «móviles patológicos» de los que habla Kant, deben convertirse en motivos lógicos para ser reconocidos, es decir, simbólicamente eficientes" (Bourdieu, 1996: 230). Es que los campos son universos como los otros, pero también tienen notorias peculiaridades: en ellos "las reglas implícita o explícitamente impuestas a las luchas de competencia son tales que las pulsiones más «patológicas» están obligadas a encauzarse en formas y formalismos sociales, a plegarse a procesos y procedimientos reglados, de manera notoria en materia de discusión, de confrontación, a obedecer a cánones que son conformes a lo que se entiende, a cada momento de la historia, como razón" (Bourdieu, 1996: 230). Como es de suponer, el campo científico es uno de esos universos, y sobre él habla Bourdieu, diciendo que es el "lugar de emergencia de una nueva forma de necesidad o de restricción... de una legalidad específica" (Bourdieu, 1996: 230): las restricciones del orden lógico "toman la forma de restricciones sociales (y recíprocamente); inscritas en los cerebros bajo la forma de disposiciones adquiridas en las disciplinas de la ciudad científica, también están inscritas en la objetividad del campo científico bajo la forma de instituciones tales como los procedimientos de discusión, de refutación, de diálogo reglado y, sobre todo, puede ser, bajo la forma de sanciones, positivas o negativas, que inflige a las producciones individuales un campo funcionando como un mercado de una clase muy singular porque, en el límite, cada productor no tiene otros clientes que sus competidores, por lo tanto sus jueces más impiadosos" (Bourdieu, 1996: 231). La situación particular del campo de las ciencias sociales Como señalamos en la introducción de este trabajo, Bourdieu considera que las ciencias sociales se encuentran en una situación especial con relación a las otras ciencias7. Le resulta bastante más difícil legitimar su autoridad para hablar acerca del mundo social. Mientras que el físico, por ejemplo, monopoliza el discurso sobre el mundo físico dejando a toda voz profana afuera de la discusión –y lo mismo podríamos decir del matemático, del bioquímico, etc.– el científico social sostiene una suerte de competencia discursiva con otros agentes. Cada campo posee un punto de vista particular sobre el mundo que crea su objeto y que encuentra en su propio espacio los principios de comprensión y explicación acordes a ese objeto. Como una especie de microcosmos social, el campo científico mantiene una relación de parcial autonomía respecto de las necesidades del macrocosmos en el que se encuentra inmerso. Sin embargo, las ciencias sociales, que toman como objeto de estudio al mundo social y pretenden generar de él una representación científica, deben enfrentar el hecho de que otros agentes –escritores, políticos, periodistas– también producen representaciones y trabajan por imponer su visión del mundo social, apelando al sentido común e incluso al modo de validación de las opiniones que es utilizado en política8. 7 Retomamos aquí planteos expuestos en (1995) “La cause de la science”. Siguiendo el planteo propuesto en (2002) habría que decir que, idealmente, la lógica de los campos científicos es la de la verificación, mientras que la lógica del campo político es la de la ratificación (según 8 Bourdieu considera que “el rigor de los productos científicos depende fundamentalmente del rigor de las coacciones sociales específicas que rigen su producción; o, más precisamente, del grado en el cual las reglas o las regularidades que gobiernan el microcosmos científico y que determinan las condiciones en las cuales las construcciones científicas son producidas, comunicadas, discutidas o criticadas, son independientes con relación al mundo social, a sus demandas, a sus expectativas o a sus exigencias” (Bourdieu, 1995: 4). En el caso de las ciencias sociales, esta independencia relativa está bastante acotada. Representaciones incompatibles con los hechos, dice Bourdieu, pueden perdurar o incluso cobrar fuerza, así como los que las defienden, con la condición de que estén provistas, tanto en el interior del campo como en el exterior, de una autoridad social adecuada para contrapesar su insuficiencia o insignificancia. Se puede ver así cómo muchos de los llamados “problemas sociales”, en realidad, extraen su fuerza no de la lógica o de la experiencia, sino del sentido común, de la visión ordinaria que hace a estas definiciones acerca del mundo social plausibles pero no verdaderas. Empirismo y teoricismo como obstáculos epistemológicos La crítica del empirismo y el teoricismo que Bourdieu despliega en diferentes trabajos echa luz sobre algunas problemáticas comunicacionales. En el caso del empirismo, los planteos de Bourdieu9 permiten la “deconstrucción” de una tendencia fundadora de los estudios de comunicación, la Mass Communication Research. En el ámbito de la investigación científica, dice Bourdieu, “los investigadores o las investigaciones dominantes definen, en un momento dado, el conjunto de los objetos importantes, es decir, el conjunto de las cuestiones que importan para los investigadores, sobre los cuales van a concentrar sus esfuerzos y que, por decirlo así, el modelo del plebiscito). Pero Bourdieu señala que ningún campo científico es tan puro como para excluir la lógica política, así como tampoco el campo político puede excluir cierta búsqueda de la verdad. 9 En concordancia con las posiciones del propio Bourdieu, en su revista Actes de la Recherche en Sciences Sociales encontramos dos trabajos que abordan la cuestión, centrándose en la trayectoria de Paul Lazarsfeld: nos referimos al trabajo de Michael Pollak (1979) “Paul F. Lazarsfeld, fondateur d’une multinationale scientifique” (ARSS vol. 25) y al de Christopher Bryant (1989) “Le positivisme instrumental dans la sociologie amèricaine” (ARSS vol. 78) van a ‘redituar’, determinando una concentración de los afanes investigativos” (Bourdieu, 2000b: 78). De esta manera, conseguir que se reconozca como interesante e importante un nuevo objeto, implica la modificación de las relaciones de fuerza –tanto simbólicas como materiales– estableciendo una nueva distribución de las ganancias procuradas por la práctica científica. Ahora bien, la pregunta que surge inmediatamente es ¿cómo se definen estos objetos en disciplinas como la nuestra, donde los efectos de las imposiciones, por ejemplo, las que se producen hoy en día por mediación del periodismo, son más frecuentes que en otras? Bourdieu señala que “hay toda una suerte de objetos preconstruidos que se imponen como objetos científicos y que, estando enraizados en el sentido común, reciben sin tropiezo la aprobación de la comunidad académica” (Bourdieu, 1997: 45)10. Incluso advierte que el estudio de los medios de comunicación es, particularmente, uno de los más permeables a las problemáticas y esquemas de la sociología espontánea11. Es probable que esta condición haya estado presente desde los inicios de la investigación en comunicación y haya también favorecido la confusión entre objeto “real”, preconstruido por la percepción y objeto científico, como sistema de relaciones expresamente construido. Los cuestionamientos que Bourdieu realiza a la Mass Communicaction Research son elocuentes al respecto: señala cómo Barton y Lazarsfeld creían estar constituyendo objetos específicos cuando empleaba en sus estudios expresiones tales como “consumo opulento” o “delincuencia de cuello blanco” (Bourdieu et al., 1994: 53), por el solo hecho de haberlos hecho surgir de una serie de divisiones reales y someterlos a la aplicación de técnicas científicas. Pero para Bourdieu no alcanza con ensamblar criterios extraídos de la experiencia común para construir un objeto científico. La construcción de denominaciones específicas en una condición necesaria pero no suficiente, no es más que un primer paso en la ruptura con los objetos preconstruidos de la sociología espontánea. “Los conceptos que pueden superar a las 10 La cita está tomada de “Conversación: El Oficio de Sociólogo”, en la cual Bourdieu dialoga con la traductora al alemán de El Oficio…. 11 En El Oficio…, en una cita a pie de página, Bourdieu señala que “además de que esos objetos existen ya en tanto que temas obligados de la conversación común sobre la sociedad moderna, deben su carga ideológica al hecho que es con el mismo que se relaciona el intelectual cuando estudia la relación de las clases populares con la cultura” (Bourdieu et al., 1994: 53). nociones comunes no conservan aisladamente el poder de resistir sistemáticamente a la implacable lógica de la ideología”, dice; y agrega: “al rigor analítico y formal de los conceptos llamados ‘operatorios’ se opone el rigor sintético y real de los conceptos que se han llamado ‘sistemáticos’ porque su utilización supone la referencia permanente al sistema total de sus interrelaciones.” (Bourdieu et al., 1994: 54) Un verdadero objeto científico, entonces, debería ser definido y construido exclusivamente en función de una problemática teórica que habilite un examen metódico de todos y cada uno de los aspectos de la realidad que entran en relación con los problemas formulados. Si la crítica al empirismo permite hacer blanco, en el horizonte de la investigación en comunicación, sobre una tradición fundadora como lo es la de la Mass Communication Research, la crítica al teoricismo apunta a otra tradición de gran peso en nuestro ámbito de estudios: nos referimos al estructuralismo. Expuesta de modo magistral en (1980) El sentido práctico, hemos decidido aquí, para no extendernos demasiado, retomar el núcleo de la crítica desde un texto que ya hemos abordado (Bourdieu 1996). Allí Bourdieu señala el modo en que el desconocimiento de la propia posición del investigador –vale decir, la ausencia de reflexividad– puede hacer tomar, como diría Marx, “las cosas de la lógica por la lógica de las cosas”. Resumiendo su posición sobre la cuestión, Bourdieu plantea que "la ignorancia de todo lo que está implicado en el «punto de vista escolástico» conduce al error epistemológico más grave en materia de ciencias del hombre, aquel que consiste en poner a un «sabio en la máquina» ; a ver todos los agentes sociales a la imagen del sabio (del sabio que razona sobre las prácticas y no del sabio que actúa) o, más exactamente, a colocar los modelos que el sabio debe construir para dar cuenta de las prácticas en la conciencia de los agentes, a hacer como si las construcciones que el sabio debe producir para comprender las prácticas, para dar razón de las mismas, fueran el principio determinante de las prácticas" (Bourdieu, 1996: 224). El cuestionamiento del punto de vista escolástico es, como se habrá advertido, el resultado de una objetivación del lugar de objetivación, y por ende fruto de la reflexividad. "Es a condición de someter a la crítica teórica el punto de vista teórico como punto de vista no práctico, fundado sobre la neutralización de intereses y de apuestas prácticas, que se puede tener alguna oportunidad de aprehender la lógica específica" (Bourdieu, 1996: 223), dirá Bourdieu en relación al análisis de mitos y ritos, en discusión con las posiciones estructuralistas. Como podemos advertir, una vez más cobra sentido considerar la noción bourdieuana de reflexividad. Adoptar el punto de vista de la reflexividad es trabajar para dar cuenta del “sujeto” empírico en los términos mismos de la objetividad construida por el sujeto científico y, por allí, darse la conciencia y el dominio (posible) de las restricciones que pueden ejercerse sobre el sujeto científico a través de todos los vínculos que lo ligan al “sujeto” empírico -a sus intereses, a sus pulsiones, a sus presupuestos, a sus creencias, a su doxa-, los cuales él debe romper para constituirse. No es suficiente buscar en el sujeto –como lo hace la filosofía clásica del conocimiento– las condiciones de posibilidad y los límites del conocimiento objetivo que él instituye. Hace falta también buscar en el objeto construido por la ciencia las condiciones sociales de posibilidad del “sujeto” sabio (savant) (por ejemplo, la skholé y toda la herencia de problemas, de conceptos, de métodos, etc., que hacen su actividad posible) y los límites posibles de sus actos de objetivación. En efecto, una objetivación sociológica completa, del objeto y de la relación del sujeto a su objeto –lo que Bourdieu llama objetivación participante-, debe darse “por objeto la exploración, no de la ‘experiencia vivida’ del sujeto cognoscente, sino de las condiciones sociales de posibilidad (y, por tanto, los efectos y los límites) de dicha experiencia y, más precisamente, del acto de objetivación”. Apuntar, como dice Bourdieu, “a una objetivación de la relación subjetiva con el objeto (…), lejos de conducir a un subjetivismo relativista y más o menos anticientífico, es una de las condiciones de la objetividad científica” (Bourdieu, 2003: 44)12. Dimensión política de la epistemología de Bourdieu 12 El artículo es la traducción de uno publicado en The Journal of the Royal Anthropological Institute en junio 2003, que a su vez reproduce el discurso que pronunciara Bourdieu el 06/12/2000, cuando recibiera la Huxley Memorial Medal, en el Royal Anthropological Institute. El análisis de las condiciones en las que se lleva a cabo la labor de investigación alcanza una mirada crítica respecto de la estructura del propio campo científico, y permite explorar y explicitar las afinidades y sujeciones asociadas a los intereses y los hábitos de pensamiento vinculados a la ocupación de una posición en el campo. Ahora bien, podemos preguntarnos si esa reflexividad epistémica tiene, más allá de sus efectos sobre el campo científico, repercusiones de otro tenor. En ese sentido, habría que considerar si la reflexividad que Bourdieu propone para el campo de las ciencias sociales no es también una apuesta política. Tal como hemos venido argumentando a lo largo de este trabajo, un aspecto de las operaciones de reflexión generan las condiciones para hacer visibles las coacciones provenientes del exterior que, subrepticiamente, pueden incorporarse al espacio de posibles –esto es, al sistema de coordenadas comunes tendientes a definir el universo de problemas, referencias, conceptos, etc.– de un campo científico dado. Y, como también señalamos, en el caso del campo de las ciencias sociales no puede esperarse el mismo grado de independencia respecto del campo político que se observa en las ciencias naturales, ya que los problemas exteriores, especialmente los políticos, se expresan directamente en ellas. De este modo, la lucha al interior de las ciencias sociales se constituye en una de las apuestas de la lucha entre las clases en el campo político. Librarse de esas coacciones externas resulta requisito indispensable para alcanzar un alto grado de autonomía. Como Bourdieu mismo indica: “(...) hacer progresar el conocimiento realista de la comunidad científica, con sus relaciones de fuerza, sus efectos de dominación, sus tiranías y sus clientelas, es hacer progresar al mismo tiempo los medios teóricos y prácticos para dominar los efectos de las imposiciones, tanto externas (...) como internas, que asumen el relevo de su eficacia (...), y que también pueden, paradójicamente, debilitar la capacidad de resistencia a la heteronomía” (Bourdieu, 1999b: 161). Resulta interesante hacer notar que, en sus últimos años, Bourdieu sostuvo una posición netamente crítica frente a la “influencia del periodismo”13 sobre el campo de las ciencias sociales. Como es evidente, dicha preocupación de Bourdieu es de gran importancia para el ámbito de la investigación en comunicación, que, en nuestro país, ha estado desde siempre estrechamente vinculado con los medios masivos y la práctica periodística. En ese sentido, cobra relevancia la pregunta acerca de los rasgos que la producción científica adquiere en relación con los condicionamientos e imposiciones provenientes de otros campos (en especial el periodístico, pero también el político y el económico) y con las especificidades de los problemas planteados actualmente por la sociedad. Sospechamos que muchas de las cuestiones que se plantean en el interior del campo como interesantes e importantes pueden haberse generado en otros ámbitos, a espaldas nuestras, y responder a criterios diferentes a los académicos. Nos referimos, por ejemplo, a la marcada presencia de abordajes que, si bien buscan distanciarse del sesgo ideológico del “discurso massmediático”, tienden a continuar enfilados con dicho discurso en lo que respecta a la fragmentación, la lógica casuística, abandonando muchas veces toda posibilidad de una mirada estructural de los problemas sociales. Puede suceder así que “debates televisados o radiofónicos, editoriales inspirados, etc., que parecen constituir la vida misma de la democracia, pueden ejercer un efecto formidable de censura (...) escondiendo los verdaderos problemas” (Bourdieu, 1997: 81)14. Todas estas imposiciones, en la medida en que no sean sometidas a la labor de vigilancia, pasan subrepticiamente a formar parte de los supuestos implícitos del campo. Bourdieu es elocuente al respecto: “las estrategias de falsa ruptura expresan la verdad objetiva de campos que no disponen más que de una falsa autonomía: en efecto, mientras que la clase dominante concede a las ciencias naturales una autonomía que está en relación con el interés que encuentra en las aplicaciones a la economía de las técnicas científicas, no tiene nada que esperar de las ciencias sociales sino, en el mejor de los casos, una contribución particularmente preciosa para la legitimación del orden 13 Un análisis de la influencia que los mecanismos del campo periodístico ejerce sobre los diferentes campos, puede encontrarse en BOURDIEU, P. “La influencia del periodismo”, en (1998) Sobre la televisión, Barcelona: Anagrama. 14 La cita está tomada del artículo “¿Qué hacer con la sociología”, publicado originalmente en 1991. establecido y un reforzamiento del arsenal de instrumentos simbólicos de dominación” (Bourdieu, 2000b: 46)15. No se trata –creemos– de plantear algunas temáticas de moda bajo la imagen del compromiso político. Pero tampoco que las temáticas ronden alrededor de las agendas mediáticas e incluso, como pasa muchas veces, adoptando la imagen y la terminología del discurso mediático. Por el contrario, podemos decir con Bourdieu que el campo de las ciencias sociales (y en particular los trabajos en comunicación) debe desembarazarse de todas esas imposiciones y determinaciones externas y estar en condiciones de reconocer únicamente sus leyes de funcionamiento específicas, en particular en materia de discusión, de crítica, etc. No cabe duda de que cualquier proposición que tenga pretensiones científicas sobre el mundo social debe ser sostenida y confrontada con otras en el marco del campo científico. Aún en los campos más autónomos, los diferentes puntos de vista adquieren parte de su fuerza relativa al lugar que ocupan quienes las defienden así como a la eficacia simbólica de sus estrategias retóricas. Lo que no quita que, pese a todo, esta lucha se lleve a cabo bajo el control de las normas constitutivas del campo y sólo con las armas autorizadas en él. En este sentido se deben excluir las “armas no específicas” en las luchas internas. El peligro de “politización” está siempre presente a través de la introducción en el campo de fuerzas y formas externas generadoras de heteronomía. Ahora bien, habría que preguntarse entonces, ¿cómo hacer para no caer en una postura netamente academicista? ¿Cómo conciliar la defensa de la autonomía con los problemas que se plantean en la sociedad? ¿Se debe renunciar al modelo de “intelectual comprometido” en pos de una inmaculada cientificidad, absolutamente liberada de toda necesidad social? Por supuesto, la Universidad no puede perder la capacidad de intervenir en el espacio social, aislándose, si a lo que apunta es a recuperar la presencia que alguna vez tuvo, volviendo a ser un espacio de debate y de conflicto permanente. La respuesta de Bourdieu a esta cuestión es que plantear el problema en estos términos es plantear una falsa alternativa. La defensa de la autonomía es de por sí un acto político. Una de las consecuencias más valiosas que provee la autonomía es la de 15 El texto de donde proviene la cita es “El campo científico”. “refractar” esas configuraciones ficticias –que en realidad no tienen nada de ficticias porque generan consecuencias en el mundo social– así como sus condiciones de credibilidad. Demoler los falsos problemas para poder producir problemas “reales”. Se trata de generar un desplazamiento desde el punto de vista de la verdad como la verdad de los voceros políticos, económicos o periodísticos, al punto de vista de la verdad como la verdad de la construcción del objeto. Este criterio es indiscutiblemente un criterio epistemológico, pero por el grado de intervención que supone es también un criterio eminentemente político. “De hecho – dice Bourdieu-, los especialistas en ciencias sociales pueden, sin contradicción, luchar, dentro de su esfera propia, por reforzar la autonomía del campo científico y desembarazarlo de todo lo que puede quedar de político en él, y hacia el exterior, en el campo político mismo, intentando imponer la verdad científica sobre el mundo social, sin otras armas que las de la verdad.” (Bourdieu, 2002: 10) Bourdieu justificaba estas intervenciones de la ciencia en el terreno “candente de la actualidad” alegando que “se podría al menos invocar la función crítica que pueden ejercer en estos tiempos en los que las autoridades políticas se legitiman a partir de competencias o de garantías científicas para convertir los problemas políticos en elecciones puramente técnicas, y donde los comentarios autorizados utilizan cada vez más recursos de apariencia científica, que brindan una pátina de fundamento racional a la ambición de hablar en nombre de la ‘opinión pública’” (Bourdieu, 1986: 3). Es este doble papel del científico social, “al interior” de su campo y en el campo político, lo que permite que pueda, “para dar más fuerza a sus débiles armas, hacer jugar al campo científico el rol de una utopía realizada del campo político o, mejor, el de una idea reguladora que permita a la vez orientar las prácticas políticas y someterlas a una interrogación metódica.” (Bourdieu, 2002: 10) Preguntarnos, junto a Bourdieu, si los científicos pueden intervenir en la esfera política, si deben intervenir en debates políticos, y si es así, en qué condiciones y qué rol pueden jugar (Bourdieu, 1999c), implica finalmente adoptar también el punto de vista de la reflexividad como condición de toda acción política de los intelectuales. Cuando Bourdieu afirma que “los intelectuales son indispensables para las luchas sociales, especialmente en el presente dadas las formas que la dominación asume” (Bourdieu, 1999c), o cuando dice que “lo que el mundo social ha hecho el mundo social puede, armado de ese saber, deshacerlo” (Bourdieu, 1997: 105-6)16, está expresando que la transformación del mundo social es una condición de posibilidad del conocimiento. Esto si asumimos, claro está, al conocimiento en su capacidad de intervención política, esa que se propone como horizonte ir más allá de las manifestaciones aparentes para remontarse hasta las verdaderas determinaciones económicas y sociales de los problemas, constituyéndose tanto en un referente relevante como en una herramienta para la transformación de la vida social. Bibliografía BACHELARD, Gaston, (1973) Epistemología, Barcelona: Anagrama. BOURDIEU, Pierre: (1986) “La science et la actualité”, en Actes de la Recherche en Sciences Sociales Nº 61, páginas 2-3. (1995) "La cause de la science", en revista Actes de la Recherche en Sciences Sociales Nº 106/107, págs. 3-10. (1996) Raisons pratiques. Sur la théorie de l’action, Paris: Seuil (edición original, 1994). (1997) Capital cultural, escuela y espacio social, México: Siglo Veintiuno. (1998) Sobre la televisión, Barcelona: Anagrama. (1999a) “Le fonctionnement du champ intellectuel”, en revista Regards Sociologiques, nº 17/18, páginas 5-27. (1999b) Meditaciones pascalianas, Barcelona: Anagrama. (1999c) Sobre intelectuales y política [Documento en línea]. Conferencia dictada en la Convención de la Asociación de Lenguas Modernas, Chicago. Traducción 16 La cita está tomada del artículo “Sociología y democracia”, originalmente publicado en 1995. parcial a cargo de Susana Draper. Disponible: www.henciclopedia.org.uy/autores/PBourdieu/IntelectualesPolítica.htm. (2000a) "L'inconscient d'école", en revista Actes de la Recherche en Sciences Sociales Nº 135, págs. 3-5. (2000b) Los usos sociales de la ciencia, Buenos Aires: Nueva Visión. (2002) “Science, politique et sciences sociales”. En revista Actes de la recherche en sciences sociales, volumen 141-142, marzo, páginas 9-12. (2003) “La objectivation participante”, en Actes de la Recherche en Sciences Sociales Nº 150, páginas 43-58. Bourdieu P., Jean-Claude Chamboredon y Jean-Claude Passeron, (1994) El oficio de sociólogo, México: Siglo XXI.