Download Título: “Formas de regulación para el mundo laboral de los jóvenes
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Título: “La formación de emociones para el trabajo en jóvenes estudiantes del secundario de escuelas urbanas marginales y escuelas de sectores sociales medios-altos del Gran Mendoza”. Diego Quattrini 1. Breve presentación: El proyecto propone analizar a partir de aportes de las teorías de la sociología del trabajo, la sociología de los cuerpos y las emociones, y la sociología de la educación, las formas de regulación de las emociones referidas al trabajo de los jóvenes estudiantes mendocinos de secundaria de diferente posición y condición de clase. Se plantea desde el proyecto que estas emociones son propiciadas por las exigencias actuales del mercado de trabajo y la implicancia del régimen de competencia laboral, por las experiencias y valoraciones del trabajo de acuerdo a sus posiciones y condiciones de clase y por la forma en que se implementa el régimen pedagógico de competencia en cada circuito educativo. 2. Objetivo General: Contribuir al conocimiento de las formas que operan los dispositivos de regulación de sensaciones en las emociones referidas al trabajo de los jóvenes estudiantes-trabajadores mendocinos. 3. Objetivos Específicos: Caracterizar las implicancias del régimen de competencias laboral en las exigencias y normativas del mercado de trabajo en el Gran Mendoza, a partir del análisis de los requerimientos por competencia que realizan dos de las principales consultoras de recursos humanos locales para reclutar y evaluar empleos. Describir, comparar y analizar el proceso de implementación del régimen pedagógico de competencia en el nivel secundario en el Gran Mendoza, en diferentes circuitos educativos (públicos y privados). Describir y comparar el tipo de emociones de jóvenes estudiantes-trabajadores de nivel secundario mendocinos de diferentes posiciones y condiciones de clase, analizando la relación de sus emociones con las valoraciones y experiencias en el mercado de trabajo y con el régimen de competencia pedagógico. 4. Antecedentes: Las transformaciones de las condiciones de producción del capitalismo modificaron el régimen actual del trabajo. A mediados de la década del 70, el capital aceleró los procesos de centralización y concentración consolidando un predominio creciente del capital "transnacionalizado” (Feliz 2005). Esto produjo la inserción de la economía nacional a la lógica de los mercados globales exigiendo a las empresas nuevas estrategias de productividad. En la periferia, con el fin de hacer más productivos a los trabajadores, el capital y trasformó los procesos de trabajo intensificando ritmos, tiempos y técnicas. Se asignó al trabajo un carácter polifuncional o multifacético en que menos trabajadores realizan más tareas acortando puestos en las líneas de producción. El resultado, fue mayor explotación, mayor duración de la jornada; más extorsión del trabajo, mayor "trabajo muerto" y aumento del desempleo (Collado 2005 y 2007; Antunes 2005). Numerosos estudios sociológicos han descripto cómo ciertas trasformaciones estructurales generaron nuevas forma de regular las condiciones del trabajo. Se implementó una nueva legislación laboral (Feliz 2005), que impulsó una multiplicación de formas de contratación (Drolas, Montes Cató, y Picchetti 2005), como pasantías, contratos “de prueba” o subcontratación1 (Antunes 2003; Leite y Iranzo 2006). Creció el sector informal (Jacinto y Gallart 1997) y el sector de servicio (Antunes 2005), ambos caracterizados por la generación de empleos mal remunerados y desprotegidos en términos de cobertura legal y social. Se acentuaron las condiciones de precarización del empleo de los jóvenes, siendo ellos uno de los grupos más perjudicados en esta crisis (Antunes 2005). Y se produjo una nueva correlación de fuerzas entre capital y trabajo, con una correspondiente reducción del poder de negociación de los trabajadores y su posterior crisis de representación colectiva (Antunes 2005; Feliz 2005). En el contexto de debilitamiento de la “clase que vive del trabajo” (Antunes, 2005), se reorganizó las formas de dominación social configuró las subjetividades y sociabilidades. Scribano (2007) plantea que la forma de dominación actual esta relacionada con la expansión de dispositivos de regulación de sensaciones y mecanismos de soportabilidad social, mediante los cuales, los sujetos incorporaron (y corporizaron), nuevas formas de expropiación de energías2. Los mecanismos de soportabilidad social se estructuraron alrededor de prácticas que orientan hacia la naturalización y fragmentación del conflicto social. Para Scribano, estos mecanismos generan una aceptación acrítica del orden y una sociodisea de 1 Un rasgo importante de la actual fase de acumulación ha sido el crecimiento de la “subcontratación”, que comprende trabajadores que prestan servicios a una empresa, pero dependen laboralmente de otra, sea una empresa de trabajo temporal, una empresa de servicio, una cooperativa o una empresa asociada (Leite y Iranzo 2006) 2 “Una de las cualidades de la actual situación imperial es la lógica de expropiación corporal, es decir, la de extracción de la plusvalía energética de cuerpos dispuestos en geometrías y gramáticas de las acciones para-los-otros en situaciones de dominación” (Scribano 2007) frustración elaborada y depurada en la práctica cotidiana. Los dispositivos de regulación de las sensaciones, complementan estos mecanismos, regulando, codificando y normalizando las percepciones, sentimientos y emociones socialmente determinados y distribuidos, y repercutiendo en las visiones y divisiones del mundo. En esta nueva extorsión del capital sobre el trabajo, los dispositivos de regulación social y las formas de soportabilidad, se expandieron sobre ciertos espacios sociales, expropiando las energías corporales de los trabajadores, imprimiendo su sello en la reorganización interna del trabajo y provocando ciertas “sensibilidades preparadas” para la lógica de acumulación. En este sentido, una serie de autores reconocen, que el capital, de manera creciente, se ha expropiado de la dimensión intelectual y las capacidades cognitivas de la clase que vive del trabajo, buscando involucrarla emocionalmente. El capital logró explotar y mercantilizar sus capacidades afectivas y las colocó al servicio de la producción. Surgió así la noción de competencia como remplazo de la noción de calificación para exigir, evaluar y remunerar la tarea de los trabajadores (Antunes 2005; Jacinto y Gallart 1997; Collado 2007; Lichtenberger 2000; Tanguy 2001). Específicamente las competencias estarían definidas como "saberes en acción" que deben poner en práctica los trabajadores en su lugar de trabajo, aplicando dinámicamente una combinación de saberes teóricos, saberes procesuales, “saber hacer” y saberes prácticos (Lichtenberger 2000). Estos saberes deberían estar acompañados de repertorios de comportamientos para ser utilizados eficazmente en una situación dada. A esta lista se agrega el “saber ser”, es decir el aprender a desarrollar un desempeño social incorporando actitudes sociales (Tanguy 2001; Lichtenberger 2000). Las competencias, así definidas se vuelven amplias, flexibles, y se van expandiendo de acuerdo a la lógica de valoraciones que exige el mercado del trabajo. Se incorporan a través de prácticas laborales, pero también por experiencias sociales, familiares y educativas. Por definición, la adquisición de competencias se produce en la práctica concreta, pero su enseñanza queda planteada como una tarea conjunta entre las empresas, los trabajadores y los educadores (Mantilla y Gutiérrez 2004; Jacinto y Gallart 1997). Bajo este supuesto las competencias laborales tuvieron su correlato en el ámbito educativo con la implementación del “régimen pedagógico por competencias”. Según Mantilla y Gutiérrez (2004:21) afirman que “un currículo basado en competencia responde a las necesidades sociales actuales, de formular perfiles flexibles, tanto para la productividad como para la ciudadanía”. Así, bajo los preceptos de competitividad e innovación, el régimen pedagógico pretende elaborar procesos flexibles de aprendizaje que actualicen nuevas habilidades, actitudes, destrezas, valores y conocimientos (teorías y esquemas interpretativos). A los saberes tradicionales se agregan saberes ligados a lo comportamental o lo actitudinal3 (“creatividad para resolver problemas”, “seguridad” o “productividad”). Se pretende que el futuro trabajador-alumno, adquiera una personalidad proactiva y adaptable a los cambios de tareas y desafíos del mercado laboral (Mantilla y Gutiérrez 2004). La hipótesis del trabajo es que bajo la lógica de la exclusión y la desigualdad, propias de las condiciones materiales actuales de existencia, el capital tiende a expropiar las energías de los estudiantes-trabajadores regulando sus emociones de manera diferencial, según sus posiciones y condiciones de clase, utilizando las competencias (laborales y pedagógicas) como dispositivos de regulación de sensaciones y mecanismos de soportabilidad social. Estos dispositivos preparan las sensibilidades de una pequeña porción de la población para hacerla sentir “considerada”, permitiéndoles valorizar sus habilidades y saberes en el mercado laboral. Mientras el resto, en su mayoría los sectores marginales, permanecen insertados precariamente, con sensibilidades “desvalorizantes”, percibiéndose en inferioridad para adquirir habilidades “valoradas” en el mercado de trabajo, naturalizando y aceptando la condición de extorsión del mercado y provocando, por esto, una extenuación corporal paulatina individual y social. De esta manera, las competencias ponen en juego dispositivos que actuaran en forma tensionada (bajo resistencia) en el entramado de las impresiones, percepciones y emociones, condicionando y comprometiendo a los sujetos para reconocer los estímulos relevantes del mercado laboral. La noción de competencia queda directamente relacionada con una hegemonía de una cultura del trabajo que permea de manera creciente en las emociones corporales y sociales, marcando las posibilidades de acción, neutralizando el potencial colectivo de los trabajadores, redireccionando los conflictos hacia el padecimiento corporal individual, y ocluyendo el ámbito de trabajo como lugar de práctica política. 4. Referencias Bibliográficas. Antunes, R (2005) Los sentidos del trabajo. Ensayo sobre la afirmación y la negación del trabajo, Herramienta y TEL, Buenos Aires. 3 Se habla de competencias de empleabilidad, competencias que necesita un estudiante para adquirir un trabajo y desenvolverse en la dinámica del mercado laboral. Estas pueden resumirse en habilidades básicas como la expresión oral y escrita, la matemática aplicada (capacidad de resolución de problemas), o la capacidad de “pensar” o de abstraer características cruciales de los problemas. Estas habilidades se encuentran plasmadas en las planificaciones de los docentes y concertadas en acuerdos institucionales. Se agregan también otras relacionadas al uso de recursos; las competencias tecnológicas; y las que incluyen los valores actitudinales como las competencias interpersonales y comunicativas (trabajo en equipo y cooperación y facilidad para el compromiso social, liderar, negociar, atender clientes, manejar la diversidad cultural y la capacidad de expresar los propios sentimientos) (Jacinto y Gallart 1997; Mantilla y Gutiérrez 2004). Collado, P. (2005). Metamorfosis del trabajo o metamorfosis del capital, en Revista Herramienta N° 30, Buenos Aires. De Paula Leite M. y Iranzo C. (2006) La subcontratación laboral en América Latina. En Teorías sociales y estudios del trabajo: nuevos enfoques Enrique de la Garza Toledo (comp.). México Drolas A, Montes Cató, J y Picchetti V. (2005) Las nuevas relaciones de poder en los espacios de trabajo, en Estado y relaciones laborales. Transformaciones y perspectivas Fernández, Arturo, (comp.), Prometeo Libros, Buenos Aires. Feliz, M. (2005). La reforma económica como instrumento de disciplinamiento social: la economía política de las políticas contra la pobreza y la desigualdad en Argentina en los '90. En Trabajo y producción de la pobreza en Latinoamérica y el Caribe: estructuras, discursos y actores. Sonia Alvarez Leguizamón (comp). CLACSO. Buenos Aires. Jacinto, C. y Gallart, M. (1997). “Reforzamiento de habilidades básicas y formación para el trabajo” en Gallart, M. y Bertoncelo R. Cuestiones actuales de la formación, Red Iberoamericana de Educación y Trabajo –CINTEFOROIT. Lichtenberger, Y. (2000) Competencia y calificación. Cambios de enfoques sobre el trabajo y nuevos contenidos de negociación. Documento PIETTE CONICET. Buenos Aires Mantillas M. y Gutiérrez N. (2004). Proyecto de articulación entre la Universidad Nacional de Cuyo y el Nivel Polimodal de la Provincia de Mendoza. Scribano A. (2007). La Sociedad hecha callo: conflictividad, dolor social y regulación de las sensaciones. Artículo publicado en “Mapeando Interiores. Cuerpo, Conflicto y Sensaciones.” Adrián Scribano (Comp.) CEA-UNC – Jorge Sarmiento Editor. Córdoba Tanguy, L. (2001). De la evaluación de los puestos de trabajo a la de las cualidades de los trabajadores. Definiciones y usos de la noción de competencias. En El Futuro del Trabajo Enrique de La Garza Toledo y Julio César Neffa (comps). CLACSO. Buenos Aires.