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La noción de trabajo en dos proyectos políticos: el peronismo de 1943-1955 y el kirchnerismo Franca Bonifazzi 34 Introducción. El trabajo como categoría política El siguiente escrito pretende reflexionar sobre la noción de trabajo, a partir de dos Proyectos Políticos: a) la experiencia del peronismo en el gobierno durante 1943-1955 y b) el actual período de gobiernos kirchneristas inaugurada a partir del 2003. La lectura dominante en los estudios de la Ciencia Política centraron las teorizaciones sobre el trabajo en el marco de las relaciones entre el Estado y el Movimiento Obrero. A diferencia de ésta, se busca aportar al campo disciplinar a partir de la riqueza analítica de los procesos políticos. En tal sentido, la hipótesis central es: que ambos proyectos dan cuenta de una nueva perspectiva desde los gobiernos y el Estado hacia la constitución de la forma del trabajo, del mundo del trabajo y de las organizaciones del trabajo en el centro de la política argentina. A saber, se transfigura la problematización sobre la cuestión social hacia el problema del trabajo como un derecho a garantizar. Una de las directrices que guiaron mi formación, fue la de considerar que un análisis político siempre es situado; es decir, se encuentra inmerso en una temporalidad, trama de situaciones, configuraciones históricas, espacialidad, actores relevantes, correlación de fuerzas. Un análisis contempla la singularidad de los procesos políticos. En palabras de Nohlen, cada Ciencia Política tiene características propias, influidas por el propio desarrollo político del país; y cuyas reflexiones sobre la disciplina y como 34 Estudiante avanzada de la Lic. en Ciencia Política (UNR). Integrante del CEDeT. franca_menteyo@hotmail.com. 99 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica ésta se enseña tienen ese trasfondo histórico y contextual (Nohlen, 2007). Hablar de noción, concepto o categoría en términos situados, nos permite ubicar el aporte que las realidades operan sobre los andamiajes teóricos con los que reflexionamos los problemas políticos. Arturo Roig sostiene que las categorías son categorías sociales, “resúmenes de la realidad con los que construimos nuestro discurso y juegan, a pesar de su origen histórico, un papel a priori sobre el cual se organiza la experiencia” (Roig, 2008: 105). En consecuencia, ¿cabe a la Ciencia política preguntarse por el trabajo? , más bien, ¿por la categoría social del trabajo? Si bien otras ciencias aportan a la reflexión sobre el trabajo, y nos valdremos de cuantiosos escritos de las mismas, este escrito intenta dilucidar el interés político por la reflexión sobre el trabajo para un proyecto político. En relación a éste último punto, cabe mencionar, que los primeros esbozos sobre la política y los problemas del pensamiento político, en nuestro país, no vinieron precisamente de la mano de politólogos, sino de una “literatura de ideas”, como lo denominará Altamirano (Altamirano, 2005). Ensayos, conjunto de tipos textuales, desde proclamas y manifiestos políticos hasta escritos de combate o de doctrina; textos de una intervención directa en el conflicto político o social de su tiempo fueron el situs de la reflexión política; muchos de los cuales serán recuperados para ahondar en este escrito. Sobre el silencio a lo largo de mi transitar universitario, respecto al pensamiento político situado, circunscripto a materias residuales pero sin ser transversal a los estudios políticos, es que se sitúa este escrito. En este sentido, abordaremos ambos procesos enmarcándolos en la vigencia del debate sobre el trabajo como integrador social, y las posibilidades de garantir tal enunciado en la sociedad contemporánea. A partir del mismo, propondremos la noción de trabajo como una noción que debe formar parte de las reflexiones políticas y sociales; a diferencia de posturas que lo consideran solo un hecho, factor o variable económica. Recuperar la dimensión política de esta categoría, permite vislumbrar las consecuencias de los procesos neoliberales, que consagraron fuertes niveles de marginalidad y exclusión social, los cuales han podido ser revertidos a partir de la revalorización de la política y de pensar la democracia de manera sustantiva, desde la perspectiva de ampliación de derechos, en éste caso del derecho al trabajo. 100 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina De la cuestión social a la cuestión nacional. El trabajo como derecho Cuantiosa bibliografía se puede hallar referida a la historia de trabajo, la cual en su mayoría, acompañada de la reflexión sobre la cuestión social, coincide en que él mismo es un interrogante de la modernidad (Neffa, 2003; Meda, 2004). Si bien parece que existió desde siempre, hablar de y sobre el trabajo apenas supera los 200 años en la larga vida de la humanidad. En sintonía con Carballeda, y desde una perspectiva situada, es inseparable en Latinoamérica la cuestión social de la “cuestión nacional”. A saber, dicho autor sostiene que “en nuestro continente, la serie de circunstancias que construyen los escenarios de intervención, otorgan una dimensión singular y propia a la intervención social. Donde este hacer implica la necesidad de estar situado en una serie de coordenadas históricas y culturales para poder comprender y explicar la esencia de los problemas sociales, la construcción de la demanda, el sentido de ésta, lo que se oculta detrás y lo que se naturaliza (…) la cuestión social surge como producto de diferentes tensiones. Una de ellas, es la propia dispersión de culturas y civilizaciones que origina la conquista, con la consecuente resistencia a estos nuevos signos del poder. Como forma de respuesta a este avasallamiento, el asedio cultural del colonizador, es respondido desde la tenacidad del colonizado como forma de resistencia. Es allí donde se construyen nuevos signos de sociabilidad en la búsqueda del lazo social perdido o avasallado” (Carballeda, 2010: 5-6). No casualmente, en la textualidad de la nación Argentina, el derecho al trabajo devino pivote de la constitución del lazo social en los proyectos políticos que se pretende analizar: el peronismo del ‘43 al ‘55 y el kirchnerismo desde el 2003. Remarcamos la categoría de Proyectos Políticos, ya que la misma implica la recuperación de la primacía de la política por sobre el “pensamiento modélico”, que pretende resumir todo, una idea abarcadora entendible para todos, con un sesgo proveniente de las matrices dominantes de la formación de los economistas; donde, ceteris paribus, la aplicación de recetas y formulas claras y distintas daría solución a los problemas de la vida social y política. Por eso, sostiene Zaiat, “el modelo”, mediante iniciativas precisas e instrumentos determinados busca alcanzar el “equilibrio general” de la economía, lo que deriva en un estado de bonanza y estabilidad, dónde no se debería hacer nada para alterarlo, dejando que funcione en un círculo virtuoso. Dicha concepción, da cuenta de la coloni101 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica zación del discurso económico en el espacio público, trasladando un concepto idílico de “equilibrio” que contrasta con una realidad cambiante, dónde existen relaciones de fuerzas, conflictos y dilemas propios de la política, que distorsionan la mentada armonía (Zaiat, Alfredo, 2010). En consecuencia, resaltamos la noción que incorpora a la economía como algo más complejo que un conjunto de variables matematizables, reconociendo el desequilibrio reinante, que obliga a trazar prioridades políticas, objetivos y metas para alcanzarlos. Citamos a colación a Claudia Bernazza, para quien “los grandes proyectos políticos, o proyectos de gobierno, presentados en las naciones emergentes como proyectos nacionales, lograron movilizar en las primaveras democráticas del continente discursos, recursos y voluntades, los que confrontaron con los proyectos que se proponían desde embajadas imperiales o empresas multinacionales. Colaboró en esta operación, seguramente, la riqueza etimológica de esta palabra. Proyecto significa lanzar hacia adelante (pro: adelante; iectus: eyectar, lanzar). Es un término que se ocupa del presente, pero se ubica en el futuro. Es, claramente, una palabra dinámica, que no refiere a ninguna esencia. Es la celebración de la existencia, porque las personas, a la manera de los dioses, ponen todo su empeño para crear un mundo a la altura de sus convicciones” (Bernazza, 2011). Se prefiere la utilización de éste concepto al de gobierno, ya que permite una visión más amplia que integra a otros actores de la comunidad política en los grandes objetivos que se conciertan. Volviendo de la digresión sobre la necesidad de pensar en términos de Proyecto Político, y enmarcando éste escrito en un libro que considera a la democracia como una categoría en disputa, la cuestión del trabajo no dejó de ser uno de los frentes de batalla sobre los sentidos de la democracia en nuestro país. Desde principios del siglo XX, rastreando la Historia del Ministerio de Trabajo, en el 1904 se envía el primer proyecto al congreso con el objetivo de regular el trabajo obrero y sus relaciones con el capital, proveniente de Joaquín V. González. En el mismo año, en tiempos de roquismo, también se encomendó a Bialet Massé llevar adelante un estudio sobre las condiciones del trabajo y de la población en general, poniendo en evidencia la pauperización extrema a la cual se encontraban sometidas las clases trabajadoras argentinas. Cabe destacar, que más allá de las críticas del Informe de Massé, en su “Situación de la clase obrera en Argentina”, la mirada que efectuaban los positivistas de la época des102 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina estimaba a la clase trabajadora criolla y mestiza por considerarla ociosa y sin condiciones de participar en la construcción de un país capitalista (González, 2011a: 18). El gaucho no era el trabajador de la Europa que tanto añoraron Sarmiento y Alberdi para la construcción de la Argentina triunfante, por tanto, más allá de las tibias propuestas como la ley la Ley N° 4.661 en 1905, la creación en 1907 del Departamento Nacional del Trabajo –a los fines de sistematizar estadística pertinente relativa al mundo laboral-, y la ley 8.999 de Cantillo y Palacios que ampliaba las funciones del Departamento, incorporando el Consejo del Trabajo; reinaba una concepción de leve incorporación y fuerte represión a los trabajadores35. Es justamente la denominación de “cuestión social”, aquella que anida en su interior una formulación de “contener la conflictividad social”; del qué hacer con lo social, como algo exógeno a la vida política del país. Más precisamente, si bien existieron relaciones entre el movimiento obrero y el Estado, y se evidenciaron instancias de arbitraje; no fue hasta la llegada de Perón, en 1943, a la recientemente creada Secretaría de Trabajo y Previsión social, que el trabajo pasa de ser una cuestión a convertirse en el pilar de la democracia, con ampliación de derechos y no ajena a los problemas de la vida nacional. El litigio por la igualdad y la conformación del sujeto trabajadores Existe una cuantiosa bibliografía que reflexiona sobre las relaciones entre el Estado y el Movimiento obrero en Argentina. Una de las lecturas inaugurales respecto al peronismo la realizó Gino Germani, con una apuesta enmarcada en la corriente de la “Sociología científica”, y fuertemente estigmatizante de la adhesión de los trabajadores al peronismo (Germani, 1962). Centrando su análisis en las bases sociales que acompañaron el proceso, dicha posición consideraba que gran parte de los trabajadores recientemente urbanizados, con escasa consciencia de clase, se encontraban en “estado de disponibilidad” para el proyecto “fascista” que significaba el peronismo. Si bien tal hipótesis fue dada por tierra por el estudio 35 En el siguiente apartado se menciona la Historia del Ministerio de Trabajo a partir de lo expuesto en la página oficial del mismo: http://www.trabajo.gov.ar/historia/. 103 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica de Murmis y Portantiero, quienes a partir de un trabajo de rigurosidad científica, demostraron la existencia de una amplia adhesión de trabajadores con larga trayectoria gremial al peronismo, la mirada de Germani da cuenta de una concepción de la Ciencia que desestima la experiencia local, en sintonía a la concepción de los positivistas de antaño. En contraposición, lecturas revisionistas y de autores del pensamiento de la Izquierda Nacional, como ser el caso de Jorge Abelardo Ramos, invirtieron la hipótesis germaniana despreciativa de las bases sociales que adhirieron al proceso político en curso, re mitificando y revalorizando a los migrantes internos como sustrato de la vida nacional, expresión genuina de lo popular y los intereses de la patria. Cabe destacar, por su parte, el ensayo de Carlos Astrada en su “Mito Gaucho”, que construye a partir del criollo, el gaucho, una interpretación del Ser Nacional, dónde rescata la gesta heroica de éste durante las batallas de la independencia, trazando un puente con los trabajadores del 17 de Octubre, donde el trabajo opera como constitutivo para el lazo comunitario y emancipador de las mayorías populares. El pueblo se había materializado en Estado, un Estado que defendía al trabajo y las grandes conquistas sociales en este sentido. No sólo fue planteada la interpretación del peronismo a partir del binarismo entre viejos y nuevos obreros. Otra de las claves interpretativas clásicas, provino de las relaciones de autonomía y heteronomía entre el movimiento obrero y el Estado. Dicha reflexión también contó con cargas peyorativas en sus ciernes respecto a la “cooptación” por parte del Estado de la clase trabajadora argentina. En este punto, nos interesa subrayar, en sintonía con Germán Pérez y Ana Natalucci, que la gramática política de corte movimientista, muy presente en América Latina y en el fenómeno del peronismo, “conciben a la historia en dos etapas: la de resistencia – de retroceso político y económico de los sectores populares- y la de ofensiva”. En ésta última, en coyunturas favorables al campo popular, se alienta a la articulación e integración al Estado, las organizaciones se piensan como puentes entre el pueblo y sus representantes, y se combina representación corporativa con apelación a un lenguaje de derechos, y movilización como condición de posibilidad para generar cambios en el orden social instituido. (Natalucci, Peréz, 2012: 21). Cabe destacar pues, que las inquietudes teóricas sobre autonomía-heteronomía del movimiento obrero al Estado se encuentran fuertemente 104 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina ancladas en una posición del intelectual, de su autonomía, y no tanto en una racionalidad política claramente movimientista. Por su parte, como lo destaca Piñero Iñiguez, la adhesión de los trabajadores al peronismo, sea espontánea u organizadamente, se debe a un acto de clara racionalidad política colectiva, a saber, las conquistas sociales en materia laboral que –no exenta de construcciones míticas y místicas– perduró en el imaginario de las clases obreras por generaciones (Piñeiro Iníguez, 2010: 290). Caracterizándolo brevemente, la irrupción del peronismo implicó una ruptura política y cultural con la Argentina de años anteriores. El 4 de junio de 1946, Juan Domingo Perón36 asumió como Presidente de la República Argentina, hasta el 16 de septiembre de 1955 que fue derrocado por un golpe militar. Luego de sucesiones de gobiernos conservadores, preocupados por defender los intereses de la clase dominante, el peronismo como nuevo sujeto histórico, emergió con el objetivo de liquidar el Estado liberal, incorporar de forma democratizante a la clase trabajadora –momento en que, por primera vez, las masas se convirtieron en sujetos históricos y de derecho– e ingresaron masivamente las mujeres a la arena política y social (Rosano, 2005: 1). En éste sentido, se erigía el Proyecto de la “Nueva Argentina” que contraponía la democracia formal, dónde la única beneficiada había sido la oligarquía, con un gobierno de democracia real en beneficio del pueblo. De esta manera, retomamos a Svampa, cuándo sostiene que “el discurso de Perón presentará una nueva lectura de lo social (…) la transformación de las masas en pueblo”, “la culminación de una aspiración propia de toda democracia: la constitución de un pueblo soberano”. (Svampa, 2010: 269, 278). Horacio González también señala, que a partir de la irrupción del peronismo, las cuestiones del trabajo, de organización sindical, de la 36 Cabe aclarar que Perón fue miembro del gobierno de facto denominado GOU instaurado el 4 de junio de 1943. Allí, Perón se des- empeñó en el Departamento Nacional de Trabajo, anticipando y realizando muchas de las medidas a favor de la clase trabajadora. Luego se desempeñó como Vicepresidente y Ministro de Guerra del Régimen. A su vez, es necesario recordar un hito histórico como el 17 de octubre, dónde contingentes enormes de trabajadores ocuparon la plaza de Mayo exigiendo la liberación de Perón, preso en la Isla Martín García desde el 13 de octubre por el régimen militar. Éste acontecimiento de fuerte movilización popular generó controversias históricas aún abiertas sobre su interpretación, por lo cual se lo considera un hito decisivo, y para los peronistas, significa el nacimiento de la “Nueva Argentina”. 105 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica producción y de la vida serán asuntos de Estado (González, 2011). Nos encontramos pues, frente a una nueva vinculación del Estado respecto a lo social, no se trata de si existían o no dichas relaciones precedentemente, sino de un nuevo modo que constituye una nueva subjetividad –el pueblo-trabajador- y reordena las prioridades de Estado, dónde el trabajo es un derecho fundamental para la realización democrática y comunitaria. El trabajador es un sujeto de derechos, de derechos ciudadanos. A diferencia de la vertiente liberal, en que el trabajo es un generador de valor; o bien de las ciertas corrientes marxistas, para las cuales, el trabajo es una mercancía; la novedad del derecho al trabajo, es dar cuenta de la subjetividad, de la no cosificación del hombre, del reconocimiento de un habla, una organización colectiva del trabajo, que protesta, que incide en la política. La ampliación y el reconocimiento del derecho al trabajo, dentro de la matriz del peronismo y el justicialismo, para la cual “no existe más que una clase de hombres: los que trabajan”, constituyó el valor más integrador de los preexistentes en el país, ya que un trabajador es considerado par de otro trabajador, y potencialmente todas las personas podrían ser trabajadoras (Fontela, 2010: 77). No solo se constituye una adhesión por conquista de derechos, sino también porque el valor de ese derecho genera la pertenencia comunitaria y democrática, la igualdad de todos los argentinos como trabajadores. Dentro de los emblemas de igualación social que permitió la conquista de derechos laborales se destaca el Estatuto del Peón Rural. El mismo, sancionado por decreto 28.169/ 44, posicionó en el mismo lugar a los trabajadores urbanos y rurales, generando un cambio distintivo, en uno de los núcleos de poder oligárquico, con el objetivo de modificar las relaciones sociales existentes. Siguiendo al análisis de Santiago Regolo, la extensión de la legislación laboral y social urbana al ámbito rural, intentaba expresar un colectivo unificado, bajo la lógica de la figura del trabajador (Regolo, 2012: 194). Retomando las palabras de Perón, con la sanción del estatuto, “la Constitución del ‘53 abolió la esclavitud, pero lo hizo teóricamente porque no es menor la esclavitud de un hombre que en el año ‘44 trabajaba para ganar 12, 15 o 30 pesos por mes”. En consecuencia, “la ampliación del concepto de ciudadanía a partir de su carácter social, y no comprendido meramente en su aspecto formal y jurídico, le permitió a Perón vincular su programa de políticas sociales con un nuevo sujeto social” (Regolo, 2012: 204). 106 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina En términos del propio Perón, de lo que se trata, es de “transformar la masa inorgánica en pueblo organizado”, es decir, en sujetos conscientes de sus derechos (Perón, 1974: 103). O en términos de Eva Perón, en su discurso del 17 de octubre de 1949, “no hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que tiene consciencia de sus derechos”. Rancière, en una de sus recientes escritos, pone en cuestión el presupuesto de la tradición de izquierda, en la cual los intelectuales son quienes deben aportar a los dominados las explicaciones de la dominación que les somete. Más bien, en su análisis considera que lo que les faltaba a los proletarios, no era tanto el conocimiento de los mecanismos de explotación sino un pensamiento, una visión de ellos mismos como capaces de vivir algo diferente al destino de explotados y dominados; poner en cuestión el orden de discurso que le asignaba el orden social, subversión que implica el propio rechazo de la palabra supuestamente propia del modo de ser obreros (Rancière, 2011). Es decir, vivenciar (habitar) otra habla, un habla para este caso de fiesta, derroche, gasto, ajena a ellos mismos. Ex-propiar a la oligarquía por un instante de la felicidad. La matriz del peronismo, no posee un enclave de revalorización del trabajo en términos de subordinación, sacrificio, en una lógica de fascismo como numerosas lecturas intentaron vincular. Bien por el contrario, buscó permitir a través del mismo la realización del ciudadano en comunidad, el derecho a gozar de una vida digna, de realización comunitaria. Su gesto emancipador pudo llevarse adelante a partir de un Proyecto dónde las relaciones entre el capital y el trabajo eran consideradas conflictivas pero no necesariamente antagónicas. La transferencia de ingresos a partir de la legislación laboral, de los convenios colectivos de trabajo, marcó un hito de un modo de articulación del Estado, el empresariado y la organización colectiva del trabajo, que permitió modelizar el caso argentino en el mundo. Como categoría social, para el peronismo la noción de trabajo hace referencia a la constitución del colectivo de trabajadores, a una construcción doctrinaria dónde el trabajo es un valor que iguala a todos los argentinos, a la vez que propicia dignificación y bienestar para él mismo, a una nueva matriz de distribución de los bienes económicos y simbólicos de una comunidad, y a su vez, materializa años de modificación en las relaciones sociales a partir de la Constitución Nacional de 1949. 107 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica En éste último punto, a partir de la reforma constitucional, en su artículo 37, “Derechos del Trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura”, se consagran en su primer apartado los Derechos del Trabajador. El primero de ellos, es el derecho a trabajar, como “medio indispensable para satisfacer necesidades espirituales y materiales del individuo y la comunidad”, por lo cual se lo considera un derecho a ser protegido por toda la sociedad. A sí mismo, se garantizan en los artículos siguientes los derechos a una retribución justa, a la capacitación, a condiciones dignas de trabajo, a la preservación de la salud, al bienestar, a la seguridad social, a la protección de la familia, al mejoramiento económico, y a la defensa de los intereses profesionales37. Sin embargo, en dicha legislación, no se contemplaba el derecho a huelga, objeto de numerosas críticas, aunque fundamentado en que el trabajo había adquirido su forma de redención, su forma reivindicativa básica, en tiempos de distribución de la renta nacional del “fifty-fifty”. Cabe destacar, como menciona Horacio González, que aquí se encontraba un talón de Aquiles, al considerar que se podía detener la historia en un momento único de felicidad, la heráldica reivindicativa comenzó a atravesar conflictividades propias de las fuerzas sociales, como lo fue la huelga de los Ferroviarios en 1951, y las sucesivas embestidas económicas que ponían en jaque la posibilidad de garantir los derechos conquistados (González, 2011a: 48). El peronismo en contexto Al desarrollo del escrito, podemos hablar de un Estado peronista - diferenciado de aquel que legitimaba condiciones de trabajo inhumanas y prácticas políticas signadas por el fraude y la corrupción- que intentó una reparación social con aquellos sectores olvidados, articulándose con la clase trabajadora, para garantizar sus conquistas sociales38. La ausencia de una burguesía nacional, con intereses diferenciados a la 37 Ver Constitución Nacional de 1949 en Terroba, Luis Alberto (2010): “La Constitución Nacional de 1949. Una Causa Nacional”, Ed. Fundación Ross, Rosario. 38 Las fronteras de lo político se redefinen, cambiando las relaciones de significación y representación social. 108 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina oligarquía agroexportadora, impulsó medidas desde el Estado, como la nacionalización del comercio exterior39, con el objetivo de transferir la renta agraria diferencial hacia la industria en un intento de modificación del esquema productivo del país. Dicha medida, se complementó con la nacionalización del Banco Central, dejando el control de la política de inversiones, la regulación de los intereses y la emisión de moneda en manos estatales (Rosano, 2005: 2-3). A su vez, en un contexto de Segunda Guerra Mundial, con un bloqueo económico y armamentístico de Estados Unidos, e Inglaterra como principal compradora de productos agropecuarios y deudora, se tomó una de las medidas fundamentales para avanzar hacia un modelo de desarrollo independiente: la nacionalización de los ferrocarriles a partir de la reconversión de la deuda británica (Romero, 2001: 104). Junto a ésta medida, la nacionalización del transporte automotor, el impulso a la flota mercante, la soberanía sobre los puertos y la implantación de un régimen estatal de reaseguros; permitían tener un control estatal sobre la comunicación y el trasporte, así como del comercio exterior. Por su parte, el Estado también nacionaliza los servicios básicos de agua, luz, gas y teléfono (Galasso, 2003: 3-10). La redefinición de las relaciones sociales con la emergencia del peronismo obligó a darle legalidad a la legitimidad del proceso40. De esta manera, se llevó adelante un cambio en la legislación, la Constitución del ‘49, incluyendo los derechos del trabajador, la familia, la ancianidad, educación y cultura. Se realizó así una nueva redistribución de los recursos, a partir de las políticas de convenios colectivos de trabajo y la implementación de una nueva legislación laboral, se mejoró el acceso a la salud pública, la educación, planes de viviendas, sistema jubilatorio y la seguridad social. Por su parte, la industrialización por sustitución de importaciones, programada por el 1º Plan Quinquenal, se sostenía con la ampliación del mercado interno a partir de políticas tendientes a mantener el pleno empleo, el aumen- 39 El IAPI, Instituto Argentino de Promoción del Intercambio, funcionó bajo la órbita del Banco Central con el fin de centralizar el comercio exterior y transferir renta a distintos sectores de la economía. 40 Esta redefinición no se trataba de un proceso feliz, sino de momentos de turbulencia social y fuerte enfrentamiento. La popula- ridad del gobierno fue subestimada, fuertemente criticada por los sectores altos y medios del país, y en ese contexto surge el calificativo “gorila” para denominar a aquellos que estuvieran en contra del peronismo. 109 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica to de salarios, y en consecuencia, la creciente capacidad de compra de los trabajadores para aumentar la demanda agregada. Esta estrategia virtuosa también generaba una espiral inflacionaria que obligó a reorientaciones económicas a mediados de los años peronistas y con el 2º Plan Quinquenal. Las conquistas sociales eran sostenidas por la llamada columna vertebral del movimiento. El entramado sindical comenzó a organizarse, por rama de la industria y con una con una Confederación única, lo que permitió un mayor poder de negociación frente a la patronal. El Modelo Sindical Argentino, perdura de derecho41 hasta nuestros días, donde el unicato cegetista vino para quedarse. Sin embargo, cabe comprender que el mismo no se trata de un aparato del Estado o un factor de presión, sino de un factor concurrente en los aparatos del Estado –organizaciones libres del pueblo- detentores de poder real, en cuanto pueblo organizado, que junto al gobierno y los factores del Estado, coordinaron una misión común en los años peronistas (Vázquez, 2009). Otros autores, remarcan la laxa autonomía del movimiento obrero en estos tiempos (Torre, 1983; Romero, 2001). A su vez, cabe enmarcar su accionar dentro de la llamada cooperación o articulación de clases que pregonó el peronismo dónde los trabajadores y los empresarios organizados, y con la mediación del Estado, acordaban mejoras salariales y sociales que, en última instancia, beneficiarían a ambos, aunque por momentos, la sublevación de los cabecitas negras hacía temblar los augurios de conciliación de clases. Aquellos sectores populares, en situación precaria y sin posibilidad de sindicalización, recibieron ayuda social de parte de la Fundación Eva Perón. Aquí, cabe aclarar un postulado fundamental sobre el que se erigía la ayuda social, Eva Perón no hablaba de beneficencia, sino pregonando una revolución simbólica en los imaginarios de ayuda social. En este sentido, entendía que la misma no se trataba de una dádiva o limosna, sino de verdadera justicia social. Por ello, construyó policlínicos, hospitales de tránsito, escuelas, hogares-escuelas, hogares de tránsito, hogares de ancianos, colonias de vacaciones, hoteles para obreros, Escuelas de 41 Si bien de hecho existen no sólo la CTA como sector que reclama desde los años 90´la personería jurídica como Central de Trabajadores alternativa- aunque mucho de sus sindicatos ya la obtuvieron, no así la central-, sino también la CGT Azul y Blanca, una facción de la CGT que se manifiesta disidente de la conducción actual de la misma en manos de Hugo Moyano. 110 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina Enfermeras, la Ciudad Infantil, Campeonatos infantiles, la Ciudad estudiantil, etc. (Vázquez, 2009). La soberanía política sobre los ejes y recursos claves del país, se potenció con un proyecto de Perón, uno de los primeros antecedentes de UNASUR, de integración política latinoamericana: el ABC. La integración con Brasil y Chile, permitía la formación de un Bloque de negociación internacional que los potenciaba frente a los Estados Unidos. En fin, los años peronistas levantaban tres banderas: la soberanía política, la independencia económica y la justicia social; ecos que aún titubean en el presente. Sin embargo, como esperanza de apuesta transformadora, se vio sitiada y truncada por una fuerte reacción, que comenzó con los bombardeos de la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, y seguidamente, el golpe de estado denominado “Revolución libertadora” e inscripto en una seguidilla de golpes de estado, proscripción de movimiento mayoritario de masas en Argentina a partir del decreto 4161 e iniciación de tiempos de violencia política. Cabe destacar, que la noción de trabajo originada en los años peronistas, no pudo ser rescindida tras años de dictadura y golpes de Estado. El cambio social, cultural y simbólico que generó, obligó a que luego de deslegitimarse y derogarse la constitución social de 1949, se debiera incorporar el artículo 14 bis a la Constitución Nacional de 1853, el cual incorporaba el derecho a huelga y versaba de la siguiente manera: “El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado público; organización sindical libre y democrática, reconocida por la simple inscripción en un registro especial. Queda garantizado a los gremios: concertar convenios colectivos de trabajo; recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las relacionadas con la estabilidad de su empleo. El Estado otorgará los beneficios de la seguridad social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley esta111 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica blecerá: el seguro social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a una vivienda digna.”42 Las grandes transformaciones sociales llevadas adelante, se ubicaron en un contexto internacional funcional a una economía del pleno empleo, en el marco de los años dorados de la posguerra. Con la vuelta de Perón al poder en el año ‘74, se reintentó un nuevo esquema de pacto social, que si bien garantizó desempleo cero, las relaciones de fuerza, la turbulencia política y la fuerte conflictividad social, no permitieron sostener más allá del de su breve mandato. Ya por aquellas épocas, Héctor Cámpora vislumbraba, que se invertía la ecuación de Presbich sobre el “deterioro de los términos de intercambio” para los países productores de materia prima, y frente al alza de los precios de la commodities, por la década del 70, inicialmente del petróleo, proponía un esquema de modificación impositiva y renta progresiva a la actividad agropecuaria, acompañada con políticas de mejoras de productividad al sector, un desarrollismo de perfil distribucionista. El peronismo, un tanto reacio a la cuestión agraria, desestimó en aquél entonces dicha reflexión, que luego fue repensada por el kirchnerismo. Tal como sostiene Mariano Fontela, no fue hasta la década del ‘90, que perduró en el imaginario social y nacional la huella del trabajo digno, de la revolución peronista. En consecuencia, los años de neoliberalismo, no sólo consolidaron las diferencias sociales extremas, una extraordinaria desigualdad de ingresos, la exacerbación de una sociedad de privilegios, sino que se instalaron valores de idealización del éxito, el trabajo dejó de ser un bien social y se convirtió en un problema individual, relegitimándose “la vieja moral burguesa por la cual se reprobaba que alguien renunciase a someterse a una actividad legal y remunerada así fuera pésimamente remunerada y agraviara la propia dignidad” (Fontela, 2010:77). De esta manera, volvían a operar discursos, como antaño se adjudicaban a los mestizos y gauchos, de que se trataba de sectores ociosos, sin ánimo 42 Artículo 14 bis en: http://es.wikipedia.org/wiki/Art%C3%ADculo_14_bis 112 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina de trabajar, esquivando la realidad de la destrucción de la sociedad salarial, el congelamiento de los salarios, la flexibilidad laboral y el desempleo de tasas mayores al 25%. Kirchnerismo, emergencia de la novedad En primera instancia, luego del retorno de la democracia, reconocemos que el peronismo, en una de sus expresiones, llegó a ser también liberal. Transfiguración acaecida en un Estado en manos del pueblo que devino un pueblo sin una mano del Estado, o más bien, un asegurador del orden y de la propiedad privada, antes que un defensor de la distribución del ingreso, de mejorar las condiciones materiales y simbólicas de las personas. De ser un movimiento de masas, que pudo articular las demandas de los miles de hombres de aquel subsuelo de la patria sublevado para ser contenidas en el Estado, en su devenir, se convirtió también en un Estado peronista al que una (la) sociedad le pasó por al lado. En estas marcas históricas es que se inscribe entonces el fenómeno “kirchnerista”. Las condiciones históricas en las que surge el kirchnerismo, datan de las consecuencias devastadoras un período de liberalismo económico antiestatalista, culminando con los sucesos del 19 de diciembre del 2001 van a marcar un hito en la historia argentina. Diferentes interpretaciones han sido atribuidas a este fenómeno, coincidiendo en que fue una crisis multifacética. Considerada un momento de crisis institucional y el pesimismo generalizado, se combinan una crisis del régimen de acumulación, producto de la aplicación salvaje del esquema neoliberal; una crisis del modo de regulación, producto de un Estado desertor en sus funciones sociales, pero activo en defensa del gran capital financiero; una crisis de representación, producto de una burocracia político-parlamentaria que llega al cenit del rechazo y la desconfianza popular; una crisis del mundo del trabajo asalariado, típica de occidente actual, pero que se expresa con inaudita crueldad en una Argentina donde, según criterios de la O.I.T, dos tercios de la población activa no tiene trabajo genuino y el otro tercio padece de sobrecarga laboral o stress ocupacional. Por último, una crisis intelectual y moral caracterizada por el escepticismo y los deseos de abandonar el país por parte de la juventud (Cieza, 2004). La escisión de la sociedad civil de la política, debido a la crisis de hegemonía de la clase dirigente, introdu113 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica cía lo relevante de esta discusión: cómo iba a plantearse el nuevo modelo de país, como se iba a restablecer la autoridad. Va a ser Néstor Kirchner43, quién elegido por el 22% del voto popular, debió enfrentarse a ese “infierno del cual había que salir”, caracterización que él había atribuido al contexto argentino en el momento de su asunción en el año 2003. Teniendo que poder hacer frente al “que se vayan todos”, el gobierno Kirchnerista debió incluir en sus discursos a las demandas de cambio, a una propuesta progresista de reanudar la vida pública, enlazada a la restitución de la cohesión social de la mano del Estado. Una de la maneras de ampliación de la las fronteras políticas, era llegar a los sectores medios a partir de la bandera de los Derechos Humanos, iniciando el juicio a las Fuerzas Armadas, destituyendo su cúpula y autoproclamándose “hijo de las madres y Abuelas de Plaza de Mayo” (Galasso, 2011: 142). La defensa de los derechos humanos como política de Estado implicó, a su vez, desde 2004 la conversión de la ESMA en espacio para la Memoria, definitivamente logrado en noviembre del 2007. Comenzó entonces, una baterías de medidas de intervención en la economía, donde las dificultades de existencia de una burguesía nacional, y la fuerte extranjerización del aparato productivo, o su consiguiente concentración en un puñado de familias desde la última dictadura militar, no lo hacían una tarea nada fácil. Se intervino el PAMI; desde el Ministerio de Desarrollo Social se diagramaron y se implementaron como primeras medidas, el Plan de Seguridad Alimentaria El hombre más urgente, el Plan Nacional de Desarrollo local y Economía social Manos a la Obra, y el Plan Nacional Familias; se llevó adelante el PROFE; se volvió a la negociación colectiva y los convenios colectivos de trabajo, se renovó la Corte Suprema de Justicia; y se llevó adelante el pago de la Deuda Externa en simultaneidad al No al ALCA, inscribiéndose en la seguidilla de gobiernos nacional-populares, reformistas o revolucionarios, como los de Hugo Chávez, Evo Morales, Fidel Castro. 43 Néstor Kirchner fue elegido intendente de Río Gallegos en 1987, y en 1991 se convirtió en gobernador de su provincia debido al éxito de su gestión municipal. Su candidatura recibió el apoyo de Eduardo Duhalde –presidente interino desde el renunciamiento del ex Presidente De La Rúa- con el fin de derrotar a Carlos Menem (candidatura antes ofrecida a Carlos Reutemann quién renunció a aceptarla). Kirchner asumió el 25 de Mayo de 2003, luego que tras haber ingresado al ballotage, Carlos Menem renunciara a presentarse. 114 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina En relación a la conducción política, Cremonte sostiene una coincidencia entre el estilo de Néstor Kirchner y el de Perón: utilizar el desorden para producir un orden más sólido. Logró utilizar el conflicto como fuente de una nueva articulación y orden, mostrándose como la única opción “razonable” frente a sus adversarios (Cremonte, 2007: 400-401). Una de las claves para consolidar su debilidad de inicio44 resultaron las elecciones de 2005, dónde se impuso el kirchnerismo frente al duhaldismo45 en las urnas. Dicha reacomodación de fuerzas, permitió una coyuntura en la cual el gobierno comenzó a consolidar su hegemonía dentro de las filas peronistas, a la vez, que se legitimó socialmente. La victoria en 2005, se proyectó al 2007 con una elección de Cristina Fernández de Kirchner obteniendo el 46 % de los votos, frente al 19, 5% obtenidos por Elisa Carrió. La opción electoral continuó siendo la de apostar por la transversalidad estableciendo formulas con sectores peronistas y no peronistas – inherente a la cultura frentista del peronismocon una fórmula de Concertación Plural llevando a Julio Cobos, dirigente radical, de Vicepresidente. A meses de haber asumido su cargo como Presidenta de la Nación se desató uno de los conflictos46 más críticos que azoto su gobierno: el “conflicto del campo”. El dilema del peronismo y la cuestión agraria no resulta una novedad histórica, pero en abril del 2008, con la resolución de retenciones móviles, se hizo carnadura en una de sus facetas más fustigadoras. De errores políticos, desconocimiento del universo de sujetos agrarios o inexperiencia de Lousteau, el problema derivo en un lock-out patronal de casi cuatro meses, movilizaciones y cacerolazos a lo largo y ancho del país, que implicaron una fuerte pérdida de hegemonía del kirchnerismo. El eco de la derrota político-cultural se manifestó en otra capitulación: el kirchnerismo perdió las elecciones de 2009 en la provincia de Buenos Aires llevando a Néstor Kirchner como candidato, y 44 González caracteriza al kirchnerismo por su debilidad, la fragilidad que se halla inscripta en su conformación. 45 Fue decisiva la elección en Buenos Aires, dónde Cristina Fernández de Kirchner se enfrentó a Hilda “Chiche”Duhalde. 46 El gobierno de Néstor Kirchner debió cargar en sus hombros momentos críticos como la tragedia de Cromagñon, el caso Skanka, el asesinato del docente Fuentealba, o la intervención del Indec, aunque ninguno cobro dimensiones tales que les hiciera perder su caudal electoral. 115 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica comenzó su ciclo de gobierno siendo la primera mayoría en la cámara legislativa47. Las figuras victoriosas de la oposición en el conflicto resultaron ser nada más y nada menos, que el Vicepresidente Julio Cobos48, Carlos Reutemann y Francisco De Narváez, consolidándose a nivel nacional la organización del Peronismo Federal49, un aquelarre de dirigentes de peso provinciano pertenecientes al peronismo, demostrando su performance en las elecciones de Santa Fe y Buenos Aires, dos de los distritos electorales de mayor peso. Sin embargo, frente a la recaída se avizoró una gran avanzada. Ley de Medios, estatización de las AFJP, estatización de Aerolíneas Argentinas, Asignación Universal por Hijo, Reforma Política, serían algunas de las medidas llevadas adelante en un lapso menor de un año. La negativa por parte del Congreso a la designación de Marcó del Pont para presidir el Banco Central, luego del fracasado Fondo del Bicentenario que permitiese asumir los pagos de la deuda, significó nuevamente una embestida al gobierno en curso. Sin embargo, las dificultades de la oposición en presentar “argumentos contundentes” y “aglutinantes” frente a los discursos magistrales de cuño neo desarrollista otorgados por la economista allá por febrero de 2010, dejaron en evidencia su incapacidad de conformar una estrategia opositora que pudiese hacer frente al kirchnerismo. Otro acontecimiento se va a manifestar como decisivo para dar las señas de una nueva rearticulación de la hegemonía kirchnerista: los festejos del Bicentenario. Desbordadas las arterias de la ciudad de Buenos Aires, millones de personas se apropiaron de la calle para dis- 47 El Frente Cívico y social realiza un muy buena performance en esas elecciones, a la vez, que Fernando “Pino” Solanas, con Proyecto Sur obtiene el segundo puesto en CABA. 48 El conflicto fue muy singular porque el compañero de fórmula presidencial, a meses de asumir, se transforma en el paladín de la oposición; sin renunciar a su cargo de pertenecer a la vicepresidencia del poder ejecutivo. 49 Si bien, luego de la intervención del PJ en el 2005, y la asunción de Kirchner como Presidente, se conforma el Peronismo Disidente, son las elecciones de 2009, la excusa para agrupar a Alberto Rodriguez Saa, Carlos Reutemann, Ramon Puerta, Jorge Busti, Felipe Sola, Juan Carlos Romero, Eduardo Mondino, Roberto Basualdo y el ex jefe de la SIDE Miguel Ángel Toma, entre otros. A su vez, ésta estructura llevo adelante acuerdos frentistas con el PRO, como lo fue el caso de Provincia de Buenos Aires, generándose la Alianza Unión-PRO-Federal. 116 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina frutar eso días jolgoriosos. Para sorpresa de los medios masivos de comunicación, la cobertura del evento resultaba innegable y necesaria, mostrando El Bicentenario como la apertura definitiva de una puerta que estaba entreabierta, que había un montón de ciudadanos que todavía no se animaba a cruzar, personas que aún no eran convocadas, que no se sentían participantes reales. Año de apertura y de pérdidas, ya que el 2010 culminó con la muerte de Néstor Kirchner, y con una fuerte y masiva vuelta de los jóvenes a la política; y una adhesión durante las elecciones de 2011 del 54% de los votos a la electa Pta. Cristina Fernández de Kirchner. A diferencia de los años peronistas, el kirchnerismo, que trastocó los cimientos sociales, no identificó claramente al trabajo como un valor que fuera igualador social y de ciudadanía, ya que en términos fácticos, el escenario contextual no permitía garantir tal enunciado. Los primeros años de Néstor, estuvieron signados por un período de recuperación económica, refuncionalización de la industria nacional, estabilidad macroeconómica, superávit fiscal y creación de empleo. En sus propias palabras, “los problemas de la pobreza no se solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas económicas”. El eje ya no se centra en un nuevo modo de pensar lo social, sino en mantener un superávit fiscal que permita el desendeudamiento y la distribución del ingreso. Cuando mencionamos la diferencia entre trabajo y empleo, en la actualidad se menciona a éste último como aquel que permite recibir una remuneración a cambio de una actividad. Trabajar en la actualidad no necesariamente equivale a retribución justa, o a retribución, existen “trabajos solidarios”, “trabajos ad honorem”, “trabajos no remunerados”. En suma, si bien el eje es la erradicación de la pobreza, las propuestas se enmarcan en políticas de “desarrollo con inclusión social”. En el marco de un contexto internacional crítico, dónde el trabajo fue cuestionado como un valor, incluso algunos llegaron a teorizar sobre su potencial extinción, con una Europa de desempleo por encima del 20% y un modelo de acumulación del capital mundial centrado en la valorización financiera y no en la producción, el trabajo, como apuesta, posee los rasgos con los que Horacio González califica al kirchnerismo: es producto de una gran debilidad de inicio pero con una apuesta de gran voluntad política (González, 2011b). 117 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica Entre la herencia y la novedad. Del trabajador al empleable. En primera instancia, como lo destacábamos en el apartado anterior, el eje del debate sobre el trabajo en el kirchnerismo, se vincula a la creación de puestos de trabajo para reducir los índices de desempleo y pobreza. Casi como una ecuación, la matriz keynesiana que da cuenta que los problemas sociales se resuelven con la política económica, vislumbra un fuerte intento de recuperación económica y con una apuesta no tan clara de reconstitución identitaria de los sujetos trabajadores. En palabras del Ministro de Trabajo, Carlos Tomada, “la particular experiencia social y política argentina, que emergió de una crisis terminal, causada por los efectos del <modelo neoliberal> (…) ha debido rescatar la economía argentina del fondo al que había llegado, recuperar la capacidad del Estado de gobernar y reiniciar el proyecto de política pública que ganará sus títulos democráticos y de justicia” (Tomada, Carlos, 2007: 73). En este sentido, el ministro arguye que el rol de su sector ministerial se abocó a la promoción del trabajo, empleo y seguridad social a través de una batería de políticas públicas activas, que articuló las políticas macroeconómicas a las laborales y sociales. La primera tensión que enumeró Tomada se enmarca en: una herencia de sociedad de trabajo, en el marco de una sociedad de mercado que preconiza la economía global. En tal sentido, persiste a su criterio un dilema entre la integración social, que descansa en la práctica de los actores sociales y sus esperanzas de justicia, y una integración tecnocrática que se basa en los equilibrios de mercado y de la economía. En consecuencia, optar por la primera es un ejercicio de voluntad política decisiva, de seguir apostando al trabajo como integrador, dador de ciudadanía y generador de identidad. La opción que alentó la comprensión sobre el trabajo, fue avanzar en políticas laborales inclusivas centradas en la recuperación del empleo, la mejora en la distribución del ingreso, el fortalecimiento de las instituciones del trabajo, la formación profesional y laboral de los trabajadores. A partir de los mismos, se recuperó la negociación colectiva como instrumento de redistribución del ingreso, y se estableció el salario mínimo vital y móvil. Sin embargo, garantizar el derecho al trabajo permanece como materia pendiente, un 40% de los trabajadores permanecen en condiciones de trabajo no registrado, subcontratado o precario, lo cual los inhabilita de gozar de los beneficios distributivos de las medidas antes mencionadas. Se 118 Aportes conceptuales para repensar la democracia argentina continuaron políticas de transferencias de ingreso como los seguros de capacitación y desempleo, distintos programas de empleo en articulación con el ministerio de Desarrollo Social de la Nación, se intensificó el control y la inspección laboral, se motivó a la responsabilidad social empresaria, se promovieron políticas de empleabilidad juvenil, se consolidó un sistema Nacional de Formación continua. Políticas activas que permitan a los trabajadores superar la brecha de formación de recursos humanos, potenciar su empleabilidad, y potenciar herramientas para el autoempleo. Los problemas de la pobreza no sólo se vieron resueltos con las políticas económicas, y el dato de la no disminución de la informalidad laboral llevo a la formulación de medidas de transferencias de ingresos más fuertes como fue la Asignación Universal por Hijo, es decir la ampliación del derecho de las asignaciones familiares de los trabajadores registrados a los trabajadores informales con hijos. En suma, son de reciente sanción las leyes contra el trabajo infantil, de regulación del servicio doméstico y de los trabajadores rurales. Podríamos argüir, como lo realiza Mariano Fontela, que se desarrolló una política de dignificación del trabajo y se mantiene pendiente una política similar que revalorice a los trabajadores, como ideal igualitario de persona que potencialmente incluya a todos los argentinos (Fontela, 2010:80). Nos cabría preguntarnos, ¿es posible tal desafío? Conclusiones. ¿El trabajo es todavía un valor? A partir de las reflexiones transcurridas en el siguiente escrito, en primer lugar, cabe destacar que tanto el peronismo entre 1943 y 1955, como el kirchnerismo del 2003 a la actualidad han otorgado un rol fundamental al debate sobre el trabajo. Para ambos proyectos políticos, se trata de una prioridad en sus agendas y sus políticas. En primera instancia, cabe destacar que la revalorización del trabajo realizada con el peronismo opera como una novedad, como un nuevo modo de lectura de lo social desde el Estado y el gobierno. A saber, para el peronismo la noción de trabajo hace referencia a la constitución del colectivo de trabajadores, a una construcción doctrinaria donde el trabajo es un valor que iguala a todos los argentinos, a la vez que propicia dignificación y bienestar para él mismo, a una nueva matriz de distribución de los bienes económicos y simbólicos de una comunidad, y a su vez materializa años de 119 La democracia argentina como escenario de disputa hegemónica modificación en las relaciones sociales a partir de la Constitución Nacional de 1949. Su contexto de emergencia, en una economía industrial y un capitalismo de producción, llevó a que las pugnas por el Proyecto de país se dirimieran entre quienes querían perpetuar un modelo social excluyente, sin distribución de la renta diferencial de la tierra, y quienes se vieron, por primera vez, siendo protagonistas de la democracia y de un modelo de país. Por su parte, la llegada del kirchnerismo al poder, se manifestó en un contexto de debilidad política, de agotamiento de la expresión local del modelo neoliberal, aunque en el marco de la globalización del patrón de acumulación de valorización financiera, que socava las bases de las economías de trabajo. La apuesta de los años kirchneristas, se emparentó con ampliar la demanda agregada, aumentar los niveles de empleo, mejorar la empleabilidad de los trabajadores, pero tibiamente pudo avanzar en recuperar el colectivo de los trabajadores, aún hoy fragmentado y con serios déficit de representación por sus delegados gremiales, que ha llevado a la partición no sólo de la CGT sino también de la CTA. La fuerte transferencia de ingresos que garantizaba en años peronistas la negociación colectiva, no puede ser ampliada a todos los trabajadores por el alto índice de informalidad laboral, lo que ha obligado a otras medidas de apropiación del excedente económico, como la recuperación por parte del Estado de las AFJP, de YPF, entre otras, dando cuenta que en una economía globalizada y de concentración financiera, la distribución no sólo se garantiza con hipótesis económicas heterodoxas sino con decisiones políticas que implican avanzar en desmontar nudos concentrados de la economía. En función de lo expuesto, el desafío actual es: avanzar en las heterogeneidades en el seno de la clase trabajadora (trabajo no registrado, terciarización, extranjerización de las relaciones laborales) para poder recuperar el ideal igualitario del trabajo y reconstituir una dinámica sindical que permita defender adecuadamente los intereses de la clase trabajadora (AAVV: Derechos Humanos en Argentina, 2012). 120 BIBLIOGRAFIA • Altamirano, Carlos (2005): Para un programa de Historia Intelectual y otros Ensayos, Siglo XXI Editores, Buenos Aires. • AA.VV. (2013): Derechos Humanos en Argentina. Informe 2012, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires. • Basualdo, Eduardo (2011): Modelo Político y Sistema de Acumulación. Tres ensayos sobre la Argentina actual, Ed. 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