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Aspecto de un yerbazal anual escio-humícola. Es aconsejable no pisarlos nunca dada la delicadeza de sus tejidos, que se destruyen con sólo una pisada. Las trochas abiertas por los “jabalines” permiten adentrarse en ellos sin dañarlos. Hasta mediados de año, deslumbra el verde claro, casi “fosforito” a fuerza de transparente, infundido por: Anagallis arvensis Anogramma leptophylla Anthriscus caucalis. El pico en que remata el fruto, ya visible en la flor, ayuda a distinguirlo de otras especies similares. En los ijones (Scandix australis) y en lo ijones de burro (Scandix pecten-veneris), casi todo el fruto es pico, como puede apreciarse apuntando ya en las flores de la foto inferior. Aristolochia paucinervis Asterolinon linum- stellatum, siempre en enclaves rupestres o en los suelos más duros. Brachypodium distachyon El tamaño diferencia Briza maxima de otros congéneres con el mismo hábitat. Bromus diandrus Bromus tectorum Campanuda erinus, que de las peñas ha pasado a adaptarse al adoquinado de las calles y los muros viejos. Campanula rapunculus, más abundante hacia la orla. Cardamine hirsuta Carduus tenuiflorus Centranthus calcitrapae Cerastium glomeratum Cirsium echinatum: flor y hojas. Cynosurus elegans Euphorbia exigua aprovecha cualquier resquicio de suelo atrapado en la piedra desnuda. Fumaria reuteri Varios amores enmarañan las sombras del monte, entre ellos Galium aparine Geranium lucidum Geranium robertianum Hornungia petraea, de piedras calizas Lagurus ovatus, especie muy escasa en la región que puede verse por la Vereda de La Sierra. Lathyrus clymenum Mercurialis ambigua En los inventarios de terófitos anuales suele citarse tanto Myosotis ramosissima como M. arvensis. Se crían mejor mientras más pobre es el sustrato y más clara la sombra. Ornithopus compressus al pie de una llambría Parietaria mauritanica Picris echioides Rhagadiolus stellatus subsp. edulis. Sanguisorba minor. Senecio lividus (“tallos de reina”) Sherardia arvensis Silene vulgaris (“conejina”) Los lechuguinos abundan, sobre todo en contacto con los cultivos. Por las barreras de las sierras resultan comunes Andryala integrifolia (pataperro, arriba) y Sonchus tenerrimus (cerrajina), que aparece debajo atravesada por una espiga de Holcus annuus, más propia de suelos ácidos. Stachys arvensis Stellaria media (“borujo”), cuya escotadura en los pétalos, mucho más pronunciada, ayuda a distinguirla de Cerastium glomeratum. Thlaspi perfoliatum La disposición de los garfios resulta un criterio determinante para discernir T. elongata. de T. leptophylla, aleatorios en la primera, alineados en la segunda, con lo que el ejemplar de arriba se adaptaría más a ésta y el de abajo a aquélla. Torilis nodosa Urtica membranacea Entre las propias de suelos raquíticos que se asoman al monte se dan cita varias especies de Valerianella Veronica arvensis: a la izquierda, en fruto; a la derecha, en flor. Vicia lutea Vicia sativa subsp. nigra Vicia vicioides (una especie de arvejaca que en los cervigones de Salguero llega a alcanzar más de dos metros de altura) Viola arvensis. Podemos guiarnos para distinguirla de Viola kitaibeliana (debajo) en la pigmentación de los pétalos superiores, aunque el criterio es sólo aproximativo.