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SOBERANÍA NACIONAL, CRISIS POLÍTICA Y MOVIMIENTOS SOCIALES Ana Alicia Solís de Alba, Max Ortega, Abelardo Mariña Flores y Nina Torres Baños (coordinadores) ITACA ÍNDICE NOTA SOBRE LOS AUTORES . 9 INTRODUCCIÓN . 13 ECONOMÍA SOBERANÍA NACIONAL Y POLÍTICAS DE EMPLEO: LA NECESARIA DISCUSIÓN DE UN PROYECTO ALTERNATIVO DE NACIÓN Ana Alicia Solís de Alba, Max Ortega, Abelardo Mariña Flores y Nina Torres Baños (coordinadores), Soberanía nacional, crisis política y movimientos sociales Primera edición, 2005. Editorial Itaca Piraña 16, Colonia del Mar C. P. 13270, México, D. F. Tel. 58 40 54 52 itacaitacaOO@prodigy.net.mx Portada: diseño de Efraín Herrera © 2005 Editorial Itaca ~ Marco Antonio del Río Chivardi y Abelardo Mariña Flores 19 IMPACTOS SOCIALES DE LA CRISIS AGROALIMENTARIA: SOBERANÍA ALIMENTARIA Y EL USO DE TRANSGÉNICOS PARA SATISFACER LAS NECESIDADES ALIMENTARIAS DE LA POBLACIÓN Luis Kato Maldonado ..'..... 35 DE LA ECONOMÍA POSITIVISTA A LA REACTIVACIÓN ECONÓMICA DE LA NACIÓN Graciela Andrade 61 PÉRDIDA DE LA SOBERANÍA MONETARIA Y FISCAL Y ESTANCAMIENTO ECONÓMICO Y SOCIAL EN MÉXICO Víctor M. Soria ACUMULACIÓN, NEOLIBERALES 81 SOBERANÍA Y MIGRACIÓN EN LOS TIEMPOS J. Javier Contreras Carbajal 113 ISBN 968·7943·57·2 POLÍTICA FOBAPROA·IPAB Y SOBERANÍA NACIONAL Impreso y hecho en México Dolores Padierna 133 SOBERANÍA NACIONALY POLÍTICAS DE EMPLEO: LA NECESARIA DISCUSIÓN DE UN PROYECTO ALTERNATIVODE NACIÓN Marco Antonio del Río Chivardi* Abelardo Mariña Flores** ... Uno de los mitos más extendidos en la actualidad es que, como resultado de la globalización neoliberal-fase contemporánea de la mundialización del capital-, las fronteras y soberanías nacionales tienden a desaparecer. Este mito se sustenta en una concepción ideologizada -falsa y sesgada- de lo que es la soberanía nacional. Entendida como autonomía de los Estadosnación modernos, ya esto se refieren los defensores del neoliberalismo, ésta es un resultado necesario del desarrollo del capitalismo; aunque sólo puede tener una existencia limitada dentro del mismo, no puede desaparecer por completo. Si se habla de la soberanía nacional como soberanía del pueblo, en el capitalismo ésta sólo puede tener una existencia restringida y subordinada a los propios intereses del capital. La soberanía de los pueblos de seguro tiende a desaparecer en esta época de globalización neoliberal; pero esto, por supuesto, no es a lo que se refieren los paladines del neoliberalismo. Capital y soberanía nacional Desde sus orígenes en el seno de los sistemas feudales europeos, el capital opera en escala mundial y con vocación universal; sin respetar fronteras ni culturas, ni reconocer nacionali* Estudiante de Economía y Ayudante de Investigación del Área de Sociedad y Acumulación Capitalista del Departamento de Economía de la UAM-Azcapotzalco. ** Doctorante en Economía en la Universidad Nacional Autónoma de México; profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana en el Departamento de Economía de la Unidad Azcapotzalco; Jefe del Área de Investigación Sociedad y Acumulación de Capital y miembro del Programa Universitario de Investigaéión de la UAM"Integración en las Américas". 21 20 dades. Sin embargo, en el ámbito de la competencia el capital siempre existe y opera de manera fragmentaria: constituido como empresa individual ya partir de espacios geoeconómicos relativamente autónomos del mercado mundial. La formación histórica de los Estados nacionales implica la delimitación de un mercado interno (y una moneda "nacional") y la consolidación de un poder coercitivo centralizado; ambos hegemonizados y funcionales a los intereses y objetivos de grupos de capital con base local. Los Estados nacionales constituyen la base de enfrentamiento de estos grupos -los denominados "capitales nacionales"- en el mercado mundial. El despliegue de un mercado mundial capitalista de creciente amplitud e integración ha pasado por sucesivas fases de profundización y retroceso cuyas modalidades específicas han sido determinadas por las particularidades, intereses y estrategias de las sucesivas potencias capitalistas hegemónicas en sus trayectorias de ascenso y descenso.' Al finalizar la segunda. guerra mundial, el capitalismo inició una fase mundializadora que se ha desarrollado de manera prácticamente ininterrumpida hasta la fecha. En una primera etapa, esta fase de mundialización se desarrolló en el marco de una onda larga expansiva de la economía mundial; de consolidación de la modalidad fordista-taylorista-keynesiana de acumulación y de subordinación del capital financiero al capital industrial; de hegemonía económica de Estados Unidos, aunque con un creciente peso de las economías de Europa Occidental y Japón; de existencia del bloque de economías centralmente planificadas, que constituían un obstáculo a la expansión universal del capital. Tres sucesos modificaron de modo radical el desarrollo de la fase de mundialización de la posguerra: la crisis estructural de rentabilidad del capital que, a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970, puso fin a la onda larga expansiva de la posguerra; las transformaciones en las maneras de operar del capital como respuesta a su crisis estructural; el derrumbe del bloque soviético. La segunda etapa de la mundialización de posguerra -la globalización neoliberal-, que se inició a partir de la década 1 Flores Otea y Mariña, 1999, pp. 241·242. de 1970, se caracteriza por el lento crecimiento de la actividad económica; la agudización de la competencia que ha propiciado amplios procesos, tanto de destrucción de los capitales más débiles, como de concentración y centralización del capital, ambos de magnitudes sin precedentes en la historia; la reestructuración de empresas y corporaciones que han renovado sus bases tecnológicas y sus formas de organización del trabajo y la producción; la reorganización de los procesos de trabajo con el objetivo de disciplinar a la mano de obra para intensificar su trabajo, lo que se ha favorecido por el creciente desempleo y la consiguiente presión de los desocupados sobre los empleados; la hegemonía progresiva de formas no productivas de valorización del capital; la relocalización internacional de las grandes corporaciones industriales, comerciales y financieras que, apoyadas por los organismos económico-financieros (FMI, Banco Mundial, OMe), han impulsado la apertura de las periferias a los flujos comerciales y de inversión. Así, los pilares de la mundialización del capital en su etapa actual son: I. Una precarización extrema del trabajo, fuente de toda la riqueza social, que por la vía de la flexibilización del trabajo, los bajos salarios y el desempleo masivo ha resultado en su superexplotación generalizada. En este sentido, la soberanía del pueblo, efectivamente, se ha erosionado a lo largo y ancho del planeta en las últimas décadas. n. Una extracción masiva de excedente de los países periféricos (y neoperiféricos) por parte de las potencias capitalistas centrales. Esta extracción no es nueva, si bien es cierto que las autonomías nacionales de los países periféricos se han debilitado, al profundizar sus lazos de subordinación con los centros capitalistas. La defensa de ¿qué soberanía? Al capital no le interesa defender ninguna soberanía, excepto la suya. Los empresarios "nacionales" que aparecen impulsando el fortalecimiento del mercado interno lo hacen sólo con el objetivo de proteger espacios oligopólicos y monopólicos de ob- 23 22 tención de ganancias; las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores les tienen totalmente sin cuidado. Basta revisar las declaraciones de YeidckolPolevnsky, ex presidenta de la CANACINTRA y candidata del PRD al gobierno del Estado de México: crítica de algunos aspectos de la política económica neoliberal, es, sin embargo, férrea defensora de las propuestas flexibilizadoras de la legislación laboral. 2 O bien las de Carlos Slim, que aunque declara la necesidad de fortalecer la economía interna, es experto en someter a sus trabajadores a regímenes laborales absolutamente precarios (Sanborns, las filiales de TELMEX y la propia TELMEX).3 Por ello, una defensa real de la "soberanía nacional" -como autonomía real del Estado-nación mexicano y como autoridad efectiva del pueblo- es esencialmente una lucha contra el capital. Esta defensa es de suma relevancia en estos tiempos. En primer lugar, para preservar las identidades culturales locales y regionales frente a los embates depredadores de las e{Ilpresas capitalistas. En segundo, para defender y mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los habitantes del país frente a la lógica del capital, que se traslada de un lugar a otro sólo en función de sus expectativas de rentabilidad y nunca de los intereses de las poblaciones locales. La defensa de la soberanía nacional en el marco del orden capitalista, en el mejor de los casos, lleva a un aligeramiento de las condiciones de explotación de los trabajadores pero, de ninguna manera, a eliminar la propia explotación. Para los trabajadores es indistinto ser explotados por un capitalista "nacional" o por uno extranjero; además, de hecho, es cada vez más dificil (y ocioso)hacer dicha distinción. Sin embargo, es imprescindible luchar para modificar las políticas entreguistas de los neoliberales, aún en el marco del sistema existente, para defender los intereses de los trabajadores y mejorar nuestras condiciones de trabajo y de vida. La defensa de la soberanía nacional no puede tener, paradójicamente, sólo una base nacional. Frente al poder de los capitales 2 "Polevnsky: urge la reforma laboral", La Jornada, miércoles 29 de octubre de 2003. 3 Para el caso de TELMEX, véase Sotelo, 2004, pp. 177·203. transnacionales Y multinacionales, y sus socioslocales, debe oponerse una fuerza que sea al mismo tiempo local, nacional e internacional. El carácter internacionalista de la lucha de los trabajadores, impulsado por marxistas y anarquista s desde el siglo XIX, no es una ocurrencia romántica, sino una necesidad objetiva. Por todo lo anterior, la defensa de la soberanía nacional debe pasar por una permanente re definición y reelaboración teórica y práctica que se sustente en: 1. El reconocimiento del carácter multicultural y multiétnico de nuestro país y, por tanto, en la defensa, desarrollo y consolidación de las autonomías locales y regionales. lI. El impulso de un proyecto nacional alternativo que, simultáneamente, sintetice los planteamientos de esas autonomías y exprese los intereses y aspiraciones generales de los trabajadores. lII. La resistencia permanente contra las imposiciones del capital transnacional, sus instituciones y sus socios locales. IV. La confluencia programática, organizativa y de acción con los trabajadores de otros países, particularmente de América Latina. V. La lucha por el replanteamiento de la política económica y el mejoramiento inmediato de las condiciones de vida de la población pero, al mismo tiempo, con el planteamiento claro de que sólo con la ruptura del sistema capitalista será posible organizar la vida social sobre bases distintas a la explotación del trabajo. Las políticas laborales y de empleo neoliberales Las políticas laborales neoliberales constituyen uno de los puntales de la estrategia de recomposición de las bases de acumulación capitalista. No sólo en el plano material, sino también en el ideológico. La flexibilización de las condiciones de contratación, trabajo y remuneración de los trabajadores aparece como una necesidad porque con la desregulación de los flujos internacionales de comercio e inversión, las periferias se ven obligadas a competir entre sí para atraer capitales. Con los programas de productividad e intensificación del trabajo y con los esque- 24 25 mas salariales asociados a ellos, el capital busca que los trabajadores se conviertan en sus propios capataces y que defiendan a sus propios explotadores en la medida en que la remuneración a su fuerza de trabajo se disocia de la satisfacción de sus necesidades para articularse a la eficiencia operativa y rentabilidad de la empresa donde laboran. Frente a la necesidad del capital de aumentar los rendimientos del trabajo para contrarrestar la caída de la rentabilidad" se han dado dos tipos de respuestas: innovaciones tecnológicas y organizativas, por un lado; reducción de costos laborales a través de la creación de empleos precarios, de tiempo parcial y por lo general, sin prestaciones sociales, por otro. En México la respuesta se ha dado de manera prioritaria a través de la reducción de los costos laborales: abatiendo los salarios, haciendo flexible los términos de contratación y despido, ajustando la jornada laboral; en suma, precarizando y flexibilizando el empleo como ventaja comparativa para volver más competitivo al país en el mercado mundial. Los procesos de flexibilización laboral se justifican con la promesa de mayores niveles de crecimiento económico, menores índices de desempleo y mejores condiciones de trabajo. Sin embargo, la evidencia empírica más bien muestra resultados contrarios. En América Latina estas reformas han deteriorado la calidad del empleo como consecuencia de la creciente inestabilidad, de la desprotección en materia de seguridad social y de la heterogeneidad salarial, sin que se haya impulsado el crecimiento o disminuido el desempleo." Trabajo, en México el trabajo se ha flexibilizando fuertemente en los últimos veinte años. Esto se expresa en la fuerte reducción del poder de compra de los trabajadores, en la creciente diversidad de las remuneraciones, en el decreciente poder de negociación de los sindicatos y en la mala calidad de los escasos puestos de trabajo generados. El poder de compra del salario mínimo se redujo de manera constante desde 1977 hasta 2000, manteniéndose en los últimos cuatro años en un nivel que es apenas 27% del que tenía en 1976.6 El poder de compra promedio de los salarios en la manufactura de transformación (no-rnaquiladora) también se contrajo a partir de 1977 -con una recuperación cíclica entre 1989 y 1993- hasta alcanzar su mínimo en 1995. Aunque ha mostrado una leve recuperación a partir de 1996, en la actualidad es un 50% menor que en 1976.7 Un comportamiento similar muestra el poder de compra de las remuneraciones pagadas en el comercio, la 'construcción y en las maquiladoras. La progresiva heterogeneidad en las remuneraciones por ocupado se expresa en el incremento sostenido en las diferencias salariales interindustriales en la manufactura de transformación a partir de 1984,8 lo mismo que en la diferencia entre los salarios medios y mínimo. Esta creciente desigualdad está asociada a la modificación en el régimen de fijación de las remuneraciones: por un lado, a la incorporación de las negociaciones salariales en los esquemas de "productividad"; por otro, a la decreciente capacidad de negociación del sindicalismo resultante de la aceptación de las políticas neoliberales por parte de las cúpulas corporativas (CTM, Congreso del Trabajo) y neocorporativas (UNT).9 La situación laboral en México Como resultado de las políticas neoliberales, y aunque no ha avanzado la pretendida contrarreforma a la Ley Federal del '. Mariña, 2003, pp. 138·156. 5 Weller, 2000. Bensunsán (2003, pp. 277-30) señala cómo en Argentina, a pesar de la ampliación del trabajos temporal y de la fuerte disminución en las contribuciones a la seguridad social, entre 1995 y 1999 el empleo formal declinó un 5.6%; asimismo, cómo en Chile y Perú la descentralización de la negociación colectiva se tradujo en una mayor dispersión salarial y en estructuras sindicales más débiles. 6 Según datos de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos y del Índice nacional de precios al consumidor. Guillén (2001, p. 245) señala que, según estudios de la UNAM,este salario sólo permite comprar 24% de la canasta básica. 7 Según datos de la Encuesta industrial mensual y del Índice nacional de precios al consumidor. 8 Véase González y Mariña, 1995, y Mariña, 2000. n Bensunsán (2003, pp. 290-291) señala, con base en los datos de la Encuesta Nacional de Ingreso Gasto de los Hogares de 1989, que, aunque la dispersión de las remuneraciones de los sindicalizados era menor que la de los nosindicalizados, la remuneración media de los sindicalizados era tan sólo 10.4% mayor que la de los no sindicalizados (estandarizada por diferencias en educación, experiencia, sexo y sector de actividad). 26 27 La creciente precarización del empleo se evidencia, no sólo en las bajas remuneraciones, sino en la mala calidad de los puestos de trabajo creados, en la inestabilidad laboral y en la carencia de prestaciones y seguridad social. En el nivel urbano, el volumen de trabajadores que laboran más de 48 horas y ganan menos de un salario mínimo -es decir, que están contratados ilegalmente- se ha sostenido en niveles promedios del 11% en los últimos siete años; más de la mitad de los ocupados no tienen ninguna prestación; casi la mitad laboran en establecimientos de una a cinco personas, es decir, en negocios que, en su mayoría, son informales; asimismo, ha aumentado la proporción de trabajadores que no recibe remuneración alguna. io En suma, la evolución de los salarios y el empleo en México refleja el avance de la flexibilidad laboral, para adaptar el trabajo a los intereses estratégicos y cíclicos del capital, a costa de una violación sistemática a la legislación laboral vigente. La insistencia de los empresarios para reformar la Ley Federal del Trabajo!' apunta, tanto a "legalizar" lo que se ha hecho de manera ilegal, como a eliminar los últimos obstáculos a la flexibilización del trabajo. Hacia una política alternativa laboral y de empleo Una política laboral y de empleo alternativa debe fundamentarse en un principio muy sencillo y no negociable: empleo y buenas condiciones de trabajo y remuneración para todos. El cumplimiento de este principio implica, por supuesto, un replanteamiento integral de la forma en que opera en la actualidad la economía y, por tanto, una modificación radical de la política económica: no sólo laboral, sino comercial e industrial (incluyendo la agropecuaria), de inversión, fiscal y monetaria y de deuda interna y externa. Implica, asimismo, una reforma sustancial del Estado; no sólo para recuperar márgenes de so10 Aguilar, Barrios y Mariña, 2004, y Mariña, 2004. Estos indicadores de "precariedad" laboral son, por supuesto, mucho más elevados cuando se considera la ocupación total, tanto urbana como no-urbana. Bensunsán, 2003, p. 293. II Consejo Coordinador Empresarial (CCE), comunicado de prensa, "J.P economía mexicana 2001-2004". www.cce.com beranía política y económica y para retomar su función social (expropiada por el neoliberalismo), sino para impedir los vicios inherentes a los viejos estatismos (burocracia, corrupción, etcétera), tanto de derecha como de supuesta "izquierda". Una política laboral y de empleo para los trabajadores y para la satisfacción de las necesidades de la población La política laboral debe tener como eje central el precepto constitucional sobre el carácter remunerador del salario, desechando su articulación con la llamada "productividad" que sólo ha generado sobreexplotación y polarización del ingreso. Como prioridad inmediata debe aspirarse a una mejora sustantiva del salario real, abandonando los topes salariales y estableciendo incrementos en las remuneraciones por encima de la inflación. Esto no sólo por razones de justicia social, sino de eficiencia económica, ya que sólo con un sostenido aumento del poder adquisitivo de la población (y no con declaraciones de empresarios con aspiraciones políticas) puede efectivamente fortalecerse el mercado interno, condición indispensable para expandir el empleo. La política de empleo debe garantizar la generación de puestos de trabajo suficientes y de calidad; esto es, estables, con jornadas de duración e intensidad acordes con una buena calidad de vida, bien remunerados, y, sobre todo, productivos. Esto implica, no sólo rechazar los proyectos neoliberales de reforma a la Ley Federal del Trabajo, sino exigir el cumplimiento de sus preceptos básicos. La democratización efectiva de las relaciones laborales y de la vida sindical, y, por tanto, la extinción de las prácticas corporativas (CTM) y neocorporativas (UNT), son imprescindibles para que los propios trabajadores controlen los procesos de trabajo. Una política industrial orientada al empleo y a la satisfacción de las necesidades de la población El desarrollo de una política salarial y de empleo expansiva requiere la reconstrucción del aparato productivo nacional, ma- 28 29 quilizado, desarticulado y precarizado tras veinte años de neoliberalismo.P En ninguna experiencia histórica los procesos de industrialización han sido el resultado de la operación de las fuerzas del mercado. Para avanzar en la construcción de un sistema productivo eficiente, integrado y generador de empleo, se requiere de una política industrial activa orientada a garantizar el abastecimiento de los productos que requiere la población, a restablecer las cadenas productivas internas, a promover un desarrollo equilibrado entre las distintas regiones de nuestro país y a elevar efectivamente la eficiencia y productividad (sin mayor desgaste de la fuerza de trabajo), a través de la incorporación sistemática del progreso científico y tecnológico a los procesos productivos. Ello no implica, de ninguna manera, renunciar a la actividad exportadora, pero sí redefinir las bases de la competitividad internacional de nuestros productos que, en la actualidad, son básicamente estáticas: bajos salarios, permisividad ambiental y laboral. En sentido contrario, deben impulsarse activid~des exportadoras que se sustenten en ventajas competitivas dinámicas: tecnológicas, de diseño de producto, etcétera. Una política comercial reindustrializadora La reindustrialización del país hacia objetivos nacionales y populares requiere una reorientación profunda de la política comercial. La apertura indiscriminada a los flujos comerciales y de inversión impulsó, sin duda, las exportaciones.P Pero lejos de modernizar el conjunto de la planta productiva y de arrastrar al resto de los sectores, como planteaba el discurso neoliberal, ha sido factor fundamental de la progresiva segmentación, polarización y desarticulación de la economía. En primer lugar, porque el sector exportador se concentra en unas cuantas ramas y emMariña, 2004a. Los esfuerzos en materia de exportaciones no son desdeñables. Sin embargo, si solamente medimos el valor agregado de las exportaciones, esto es, el valor de las exportaciones no maquiladoras más el valor agregado de las maquilas, el resultado no es tan sorprendente, ya que avanza de 8.4% a 20.2% entre 1981 y 1997. Guillén, 2001, y Mariña, 2004a. 12 13 presas ligadas, en su mayor parte, al capital extranjero. En segundo lugar, porque las importaciones se han incrementado al mismo ritmo que las exportaciones gracias a la propia apertura y a las estrategias de aprovisionamiento de insumos y partes de las empresas exportado ras (con el caso extremo de la maquiladora, que importa más de 90% de sus insumos). La instrumentación de una política comercial reindustrializadora debe partir de una renegociación del TLCAN que tenga como criterios el reconocimiento de las asimetría s entre los países firmantes del mismo, la prioridad de los objetivos de las políticas laboral, de empleo e industrial nacionales, así como el carácter estratégico, en términos de soberanía nacional, de sectores como el agropecuario, el energético y el financiero. No se trata de aislarse del mercado mundial, sino de buscar esquemas comerciales que complementen las actividades productivas internas y que resulten benéficos para todas las partes. En particular, debe darse prioridad a la integración económica con el resto de América Latina por motivos, tanto geográficos, como históricos y culturales. Deben recuperarse los instrumentos tradicionales de protección, como los aranceles, subsidios e incentivos fiscales selectivos, para promover una sustitución progresiva y selectiva de importaciones en aquellos sectores que se consideren estratégicos en términos de la rearticulación de cadenas productivas y/o de soberanía nacional. El sector agropecuario es uno de los sectores más afectados, negativamente, por el TLCAN. SU protección y recuperación se justifica en diversos planos: rescatar la autosuficiencia alimentaria, sobre todo en granos básicos, es un asunto de soberanía política y cultural, de seguridad nacional y de simple eficiencia económica. La reestructuración agropecuaria debe estar acompañada de una reorganización productiva de la pequeña producción campesina, bajo los criterios centrales de elevar los niveles de consumo y de vida al interior de las comunidades, y de elevar la eficiencia a partir de la inversión en infraestructura. 14 Una política de tipo de cambio realista, complementaria de la 14 En ambas direcciones, la reestructuración de las deudas de los productores del campo es tarea urgente. Cámara de Diputados 2003. 30 31 política comercial reindustrializadora y de la política industrial generadora de empleo, debe evitar tanto la sobrevaluación, que perjudica a las exportaciones y subsidia a las importaciones, como la subvaluación que, al subisidiar a las exportaciones, tensa las relaciones con los socios comerciales. Una política de inversión para el desarrollo Para reindustrializar el país se requiere de fuertes montos de inversión productiva, que se orienten a los intereses y necesidades comunitarios. En un contexto de re definición de las relaciones económicas internacionales, en que seguramente habría represalias por parte de grupos de capital extranjeros y nacionales, la inversión pública es estratégica. El Estado debe reasumir sus funciones de fomento a la producción, pero no de modo preferente en un esquema de propietario, sino de mecanismo que canalice el ahorro social a proyectos productivos comunitarios diseñados, instrumentados y efectuados desde las soberanías locales y regionales. A este esfuerzo de inversión productiva debe convocarse a los inversionistas privados (PYMES, sobre todo) que estén dispuestos a sumarse a la reconstrucción de la nación. En el modelo neoliberal, donde se favorece la inversión especulativa en detrimento de la productiva, estos objetivos son imposibles. El principal problema de los países subdesarrollados no es el bajo excedente generado internamente, sino su inadecuada utilización. Por ejemplo, en México una alta proporción del excedente económico se transfiere al exterior mediante el servicio de la deuda externa, con lo que se reduce el ahorro interno. Asimismo, una parte importante del ahorro interno se desvía como renta financiera apropiada por el capital financiero y especulativo, con la fuga al exterior de capitales internos y, en el caso de los recursos fiscales, con los rescates bancario y carretero. Una política de financiamiento del desarrollo implicaría, por un lado, cancelar las deudas ilegítimas (por haberse pagado el principal varias veces) e ilegales (contratadas para cubrir fraudes e ineficiencias de agentes privados) externas e internas para liberar el ahorro social hacia la inversión productiva y el empleo; por otro, una profunda reforma del sistema financiero -en los hechos su re-nacionalización- para que cumpla su única función justificable, que es la de canalizar el ahorro hacia proyectos productivos. Una política fiscal para recuperar las funciones sociales Una política de financiamiento para el desarrollo de la inversión El financia miento del desarrollo debe descansar en la ampliación y mejor utilización del ahorro interno. En el corto plazo, se requiere: para elevar el ahorro interno, reducir los pagos al capital extranjero; para incrementar el ahorro canalizado a la inversión productiva, disminuir las tasas de interés y los costos financieros; para aumentar los recursos para las inversiones pública y comunitaria, reducir los pagos a los tenedores de la deuda interna pública. En el largo plazo, es fundamental acelerar el crecimiento de la economía, a partir de la propia elevación de la tasa de inversión productiva, para expandir de manera sostenida el volumen de ahorro. y productivas del Estado, fortalecer los mercados locales y extinguir a los rentistas Una política fiscal alternativa, en primer lugar, debe dotar al Estado y, con su mediación, a la comunidad de recursos suficientes para realizar los gastos corrientes y de inversión necesarios para el desarrollo. Además, debe redistribuir de forma progresiva el ingreso hacia la población necesitada y hacia los agentes económicos que producen la riqueza: trabajadores e inversionista s productivos; finalmente, debe extinguir a los rentistas que, como han señalado David Ricardo, Marx y Keynes, son una clase absolutamente parasitaria. El rezago de México en recaudación tributaria es enorme: mientras en el conjunto de países miembros de la OCDE alcanza 37.1% del PIB, la Unión Europea 41% y Canadá 35.1%, Mé- 33 32 xico apenas logra 18.8% del PIE (incluyendo en todos los casos las contribuciones a la seguridad social y los impuestos petroleros);" Se necesita, por tanto, de una reforma fiscal integral que despetrolice los ingresos públicos y que aumente la recaudación sobre la base de impuestos progresivos y no regresivos (como el IVA). En esta dirección se requiere, entre otras medidas, incrementar la progresividad del impuesto sobre la renta a los estratos de altos ingresos; mantener el IVA actual pero cobrando una sobretasa a los bienes de lujo, en especial los importados; establecer un gravamen para los dividendos repartidos a los accionistas, con el fin de estimular la reinversión productiva de utilidades; establecer impuestos a las operaciones bursátiles y a los flujos externos de capital de cartera a corto plazo (esto es, aplicar la tasa Tobin). Una política monetaria orientada a fomentar la producción . y una política cambiaria que proteja los recursos de la nacióJ En los últimos veinte años, la política monetaria en México se ha subordinado a los intereses del capital financiero y especulativo en detrimento de las actividades productivas y de la generación de empleo. Las altas tasas de interés reales pasivas -pagadas a los "ahorradores"- han sido una condición indispensable para atraer el capital externo que se requiere para financiar el déficit en cuenta corriente y sostener el tipo de cambio en un marco de libertad cambiaria absoluta. Las altas tasas de interés reales activas, comisiones y tarifas de servicios cobradas a los usuarios y deudores de la banca, garantizan altos niveles de rentabilidad a un sistema bancario-financiero que sigue sin cumplir, desde hace ya un cuarto de siglo, su función de intermediación financiera. Una política monetaria alternativa debe equilibrar las tasas de interés en función, por un lado, del fomento al ahorro (no especulativo) y, por otro, de los requerimientos de financiamiento de la inversión productiva y de generación de empleo. Debe reconstruirse la banca de desarrollo, prácticamente des15 Calva, 2003. truida en los últimos veinte años, enfocada a financiar a los agentes que no son sujeto de crédito de la banca privada y a proyectos de inversión comunitarios. Evidentemente, la instrumentación de una política monetaria de fomento a la inversión productiva requiere de una política de control de cambios, único mecanismo (como se ha demostrado en Venezuela) para enfrentar con éxito los chantajes permanentes del capital que, ante cualquier intento de medidas que afecten sus ganancias, amenazan (y periódicamente cumplen) con vaciar las reservas de divisas de la nación. Bibliografía Aguilar Legaria, Loth, Miguel Ángel Barrios y Abelardo Mariña Flores, "El ejército industrial de reserva en México en el contexto del imperialismo contemporáneo", en Alicia Solís, Max Ortega, Abelardo Mariña y Nina Torres (coord.), Imperialismo, crisis de las instituciones y resistencia social, Itaca, México, 2004, pp. 95-121. 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Descontextualizadas de la problemática agrícola nacional, provocarán que se acentué la incapacidad estructural del país para mejor adaptar y desarrollar la tecnología de producción agrícola de punta y orientarla, una vez hecho lo anterior, a solventar las necesidades alimenticias de la población, lo cual constituye en sí mismo el objetivo fundamental de la soberanía alimentaria. En el plano social, ésta significa disminuir la polarización en cuanto al abasto de alimentos entre el sector rural y las zonas urbanas, ya que en tanto se abren nuevos centros de abasto dirigidos principalmente a los estratos medios y altos de la población, los sectores de economía de subsistencia cuentan cada vez con menos abasto de productos alimenticios y posibilidades de adquisición. Asimismo, implica desarrollar una cultura nutricional, independiente de la condición social. 80% de los niños nacidos en el país son engendrados por 20% de las familias más pobres, en este momento en algunas comunidades se alcanza un índice de 80% de niños con problemas severos de desnutrición. * Maestro en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México; profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana en el Departamento de Economía de la Unidad Azcapotza1co; integrante del Area de Investigación Sociedad y Acumulación de Capital y Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.