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NÚM. 085 Xalapa, Ver., 1º de enero de 2012 Desear lo mejor no es echar las cosas a la suerte Los griegos a través de tres palabras se referían a las diversas connotaciones que el tiempo tiene a lo largo de la vida: aión, cronos y kairós. En un primer momento aión significaba la duración de la vida, pero posteriormente llegó a designar la eternidad. Cronos se utilizaba para señalar la sucesión de los acontecimientos, el transcurrir temporal, la duración. En cambio, kairós designaba el tiempo como oportunidad, el buen momento que hay que aprovechar porque llega y se va. El tiempo para nosotros también tiene diversas connotaciones y particularmente el nuevo año, que estamos iniciando, se vive como una especie de kairós. En estos días resurgen nuestros mejores deseos y nuestro corazón se llena de ilusiones y esperanzas. El nuevo año nos saca por un momento de nuestros desánimos y frustraciones y nos impulsa a ver con optimismo el futuro inmediato. El nuevo año, esencialmente arropado por el espíritu de la Navidad, nos convierte en hombres de buena voluntad -según la expresión de los ángeles en el portal de Belén- que también anhelan encontrarse con la luz que le dé un sentido definitivo a la existencia, especialmente en momentos de pruebas e incertidumbre. En estos días tenemos el deseo de llegar a ser mejores personas y de reparar el daño que hemos provocado a los demás, a la naturaleza y a nosotros mismos. Cuánta falta nos hace, a lo largo del año, esta disposición, este propósito de cambio, esta luz que penetra en la conciencia para mantenernos en este espíritu de renovación interior. Por eso hay que vivir estas fiestas no simplemente como cronos -como un año nuevo más, como parte del calendario- sino como kairós, es decir como una verdadera oportunidad de cambio que le pueda dar rumbo y plenitud a todos nuestros proyectos. Dentro de la buena voluntad que probamos estos días expresamos los mejores deseos a nuestros amigos y seres queridos. Pero desear lo mejor este año no es echar las cosas a la suerte sino insistir en la buena voluntad que hay que mantener para revisarnos profundamente, para corregir a tiempo y para cambiar nuestras actitudes, a fin de que sucedan las cosas y alcancemos las metas que tanto deseamos para nosotros y para nuestro querido México. Los colores que se usan este día, las uvas y los rituales -que por cierto se han hecho famosos en estos últimos años- no van a traer la prosperidad, la salud y la paz de manera mágica o automática. Si cambiamos nuestras actitudes, si volvemos a mirarnos como hermanos, si nos despegamos de la ambición, si combatimos la corrupción, si aprendemos a ser solidarios y si volvemos a meter a Dios en el corazón entonces llegarán todas esas bendiciones que tanto anhelamos al inicio del nuevo año. 1/2 Desde este marco de referencia la Iglesia de Xalapa desea que el amor, la salud y la prosperidad reinen en el corazón de todos los hombres. Particularmente deseamos la paz a todas las familias y a nuestro querido estado de Veracruz. Atendiendo al genuino significado que la palabra Shalom tiene en la Biblia, no sólo deseamos que cese la violencia, el derramamiento de sangre inocente y las amenazas a nuestras familias. Shalom no es sólo la ausencia de guerra; Shalom es una especie de resumen de todos los bienes salvíficos. Desear Shalom es desearle a uno la paz interior y exterior, la acogida, la fraternidad, el estar a favor del bien del otro, la armonía consigo mismo y con la naturaleza, la sintonía profunda con la vida y con el cosmos, la inefable paz con Dios. Esta es la paz que deseamos sinceramente a todos los hermanos. La paz que signifique la superación de la violencia y al mismo tiempo la armonía interior. Si acogemos esta paz que viene como bendición de Dios entonces también llegarán el amor, la prosperidad, la salud y muchas otras cosas que anhelamos al inicio del año. Pbro. José Juan Sánchez Jácome Director Oficina de Comunicación Social Arquidiócesis de Xalapa 2/2